domingo, 19 de julio de 2020

IVÁN FERRER-EGEA GARCÍA

Tantas vueltas y tientos le di esa noche a la anécdota de aquel día… Juro por mi madre que no me volveré a sentar al lado de ese maldito ciego, condenado miserable. 

Fui tonto por mi parte sabiendo de su actitud, me debería haber supuesto lo que tramaba ese bribón. 

Aquel día me senté al lado de la lumbre, era una noche muy fría de invierno, ya han pasado 70 años, y no se me olvida ese sabor agridulce de impotencia, ¡Agh! 

Estando yo tan tranquilo comiendo un poco de tocino, el viejo se acercó disimuladamente por detrás, aparentemente contento, pero no me fiaba. No se le ocurrió otra cosa que echar gasolina a la lumbre mientras yo descansaba, de tal manera que aquello pegó un fogonazo que me dejó frito, y mucho peor, me dejó calvo y sin un solo pelo, sin el cual hasta hoy día me quedé.

Autor: Iván Ferrer-Egea García. 1º Bachillerato. Curso 2014-2015.

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