TESTIFICACION DEL TABERNERO EN EL JUICIO CONTRA EL CIEGO
-Muy bien señor, cuéntenos una vez más su versión de los hechos.
-Estaba yo el pasado sábado en la taberna de mi cuñado ayudando a servir mesas cuando un joven muchacho, con cara de pilluelo, me llamó la atención.
-¿Era ese muchacho Lázaro?
-Sí. Lo era.
-Muy bien, siga con la historia.
-El joven muchacho acompañaba a un ciego, y éste lo mandó a la barra a por una jarra de vino. El muchacho se la llevó y pude ver que, cuando el viejo ciego dejó la jarra en la mesa, Lázaro le dio un par de tragos.
-¿Se dio cuenta el ciego de eso?
-Sí, lo hizo, y desde entonces no soltaba la jarra. Debido a eso, el muchacho se las ingenió y, con una fina paja que introdujo en la jarra, siguió bebiendo vino.
-Pero ¿la artimaña no duró mucho, verdad?
-No, no lo hizo, desde que descubrió su nueva artimaña, el ciego tapaba la jarra con la mano.
-Muy bien. ¿Y qué fue lo siguiente que hizo el joven?
-Le hizo un pequeño agujero a la jarra por el que bebía el vino. Pero seguro que, como las demás, está artimaña no duró mucho. Cuénteme qué pasó entonces.
-Cuando el ciego lo descubrió, le propinó tal jarrazo a Lázaro en la boca que a día de hoy, después de una semana, aún no he conseguido limpiar las manchas de sangre.
Autor: Miguel Artell Moreno. 1º Bachillerato. Curso 2014-2015.
No hay comentarios:
Publicar un comentario