Los otros días soñé algo que me dejó perpleja.
Soñé que había un ciego que tenía un sirviente llamado Lázaro, el cual era su lazarillo y le ayudaba en todo.
El ciego solía comer bebiendo un jarro de vino, algo que le encantaba a Lázaro. Cuando el ciego se sentaba para comer con Lázaro, éste, sin que se diera cuenta su amo, cogía el jarro de vino, le daba un par de tragos y lo dejaba en su sitio. El ciego se dio cuenta de que el jarro estaba vacío y ya no lo soltaba la hora de comer.
Entonces, a Lázaro se le ocurrió coger una paja larga de centeno y meterla en el jarro sin que él se diera cuenta, y así beber. Esto duró poco ya que el ciego se dio cuenta de que le faltaba vino y entonces decidió poner el jarro entre sus piernas y taparlo con la mano.
Viendo esto, a Lázaro se le ocurrió hacer un agujero en el suelo del jarro y taparlo con cera, y cuando fueron a comer, Lázaro se ponía entre las piernas del ciego con la excusa de tener frío, y con el calor de la lumbre, la cera se derretía y podía beber vino.
Al darse cuenta el ciego de que ya no había vino, cogió a Lázaro del pecho y lo estampó contra la pared, dejando al pobre chico tirado en el suelo y con una brecha en la cabeza. De repente, el ciego se quitó las gafas que llevaba puestas y le dijo a Lázaro:
-¡Ajá! ¿Pensabas que era tonto y ciego, verdad? ¡Pues no soy ninguna de las dos cosas, como verás!
Lázaro se levantó del suelo echando sangre por la cabeza y le dijo riendo:
-Pues no, ya veo que no, pero… ¡Bien que me he bebido el vino delante de tus narices!
El ciego, más furioso aún, sacó un revólver del bolsillo de su camisa y disparó a Lázaro entre ceja y ceja, dejándolo del todo muerto.
De pronto, me desperté sudando y con las sábanas revueltas. Desde entonces, sueño lo mismo todas las noches.
Autora: Silvia Fernández Moreno. 1º Bachillerato. Curso 2014-2015.
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