miércoles, 15 de julio de 2020

JESÚS ANTONIO MARTÍNEZ GARCÍA

MISIÓN IMPOSIBLE 

Esta era una noche tranquila en la que la dulce brisa nocturna atravesaba mi ventana. Yo, tumbado en mi lecho, yacía pacífico sin ánimo de ofender la tranquilidad que inundaba aquella habitación. Mi mente estaba despejada, y tranquilamente maquinaba alguna idea con la que poder reírme de aquel viejo que lo único que hacía era fastidiarme a cada momento. Pasó ya un buen rato cuando la gran idea vino a mi cabeza, -¡Claro!, si es ciego, ¿por qué no aprovecharme? Yo estaba decidido a cumplir a rajatabla lo que esa noche se me ocurrió, que sin duda alguna sería un éxito porque el viejo no podía verme, con lo que ya tenía ventaja. La idea era la siguiente: primero, aprovechaba algún despiste suyo para poder hacer un pequeño boquete en el fondo de su jarra, después me las tenía que ingeniar para tapar ese pequeño taladro de manera que me pudiera beneficiar del despilfarro, con lo que debería de taparlo con algo…¡ya lo tengo!, con una fina tortilla de cera, de esa manera, con la excusa de que tenía frío, yo me cobijaba entre sus piernas y, al calor de la lumbre, la fina tortilla se fundiría, así que, cuando el viejo fuera a beber, el dulce licor iría a parar a mi sedienta garganta. 

En un principio, el plan era perfecto, y el material, que no era mucho para llevarlo a cabo, estaba listo. A la mañana siguiente, me levanto con mucho ánimo, yo me encontraba un poco nervioso, preocupado por todo lo que tenía que hacer. Tras una larga mañana, llegó la hora de comer, y en un derroche de valentía me lanzo a ello, y lo consigo con mucho esfuerzo, al final el pequeño taladro fue hecho en el fondo de su jarra y hábilmente lo pude tapar con la fina tortilla de cera, y el cegato del viejo ni se inmutó. Al principio, todo iba bien, casi de maravilla, ya que cada vez que él bebía de su jarra, una pequeña parte de su licor destilaba en mi boca. Así estuve durante unos días, días que para mí eran de gloria, pero el poco tonto del ciego comenzó a sospechar de que cada vez la cantidad de vino de su jarra disminuía y que lo hacía más rápido de lo que él bebía, así que se puso desesperadamente a buscar el posible problema, porque no era normal que el vino desapareciera de esa manera. 

Tras un desesperado intento por encontrar aquello que hacía que el vino desapareciera, el viejo dio con el engaño, que muy disimuladamente mantenía callado, pero no por disimular dejaba el asunto pendiente, no, qué va, él lo que estaba haciendo era buscar la mejor manera para poder vengarse de tan mala treta, así que, tras un largo tiempo pensando qué era lo que podía hacer, le vino a él también la idea a la cabeza. 

Yo, tonto de mí, no me daba cuenta de que el ciego tarde o temprano iba a vengarse del maravilloso engaño, y que no lo iba a hacer de una forma disimulada. Bueno, pues uno de estos días en los que yo me lo pasaba tan bien bebiendo de la jarra del viejo “sin que él se diera cuenta”, éste decidió detener su jarra justo a la altura de mi cabeza; yo, como me encontraba disfrutando gozosamente del vino que me caía en la boca, tenía los ojos cerrados, ya saben, para poder disfrutar aún más de esos momentos; pues bien, en lo más dulce de la comida, ¡¡ZAASSS!!, el viejo estrompó con todas sus fuerzas la jarra contra mi cara, fíjense si fue fuerte el golpe fuerte que me arrancó de cuajo más de la mitad de mi preciada dentición, de la que yo aún prescindo, y además muchos de los pedazos, que de alguna manera dejaron de formar parte de la jarra, quedan incrustados en mi cara no un día ni dos, sino varias semanas. 

Como se puede comprobar, el plan no fue del todo infalible, pero lo que sí es verdad es que durante unos días pude aprovecharme del ciego y poder echarme algo a la boca, ya que con él lo único que yo me tragaba eran disgustos, y les puedo asegurar que con él he pasado tanta hambre que incluso ya no se llamaba hambre sino lazaritis. 

Bien, espero que les haya gustado la historia… y colorín colorado, este cuento se ha… se ha… eso, se ha terminado.

Autor: Jesús Antonio Martínez García. C.O.U. Curso 1996-1997.

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