PEQUEÑO DIARIO. LAZARILLO DE TORMES.
25 DE DICIEMBRE 1925
12:30 de la mañana. Este día tan lluvioso y helado es uno de los más esperados para mí desde que mi amo me dijo que la llegada de la Navidad traería consigo sacar el jarro de vino. Pero ahora te dejo, querido diario.
Ahora son las 3:30 de la tarde. Antes, cuando estaba comiendo, el ciego puso el jarro en la mesa bien cargado; yo bebía más que comía, puesto que mi amo no creo que sintiera que yo bebía porque, como estaba lloviendo, cada vez que venía un trueno (que venían constantemente) cogía el jarro y bebía, así, al ponerlo encima de la mesa, no se oía. Sin embargo pudo darse cuenta por la falta de vino pero a mí, como no se me escapa ni una, cada vez que mi amo lo cogía, yo le ponía en peso mi mano, aunque después se dio cuenta e hízolo como si nada.
Ya no sabía qué hacer, qué ponerle al jarro para algo de gusto sacarle. Dando vueltas a la cabeza, vi encima de la mesa una vela y pensé que podría hacerle al jarro un agujero en su parte baja y rellenarlo con un poco de cera para que, cuando se ponga al lado del fuego, se deshaga, ya que mi amo siempre se ponía al lado del fuego con el jarro.
Aunque ahora mismo tiene el jarro entre sus piernas, lo tiene al lado del fuego, cosa es que me alegra mucho; yo podría decirle que tengo frío y miedo por los truenos y la lluvia, y poco a poco engatusarle y acurrucarme entre sus piernas, debajo de mi gran debilidad: EL VINO.
9:15 de la noche. Esta tarde, ya derretida la cera, el vino vino a mi desesperada boca; no se caía una milésima de gota que el suelo pudiera acariciar. No me di cuenta, cuando el ciego ya estaba maltratando su querido jarro y diciendo tales barbaridades que casi cae el carro encima de mi cabeza y, tiempo sí, tiempo no, preguntándose ¿quién habrá de ser? ¿quién habrá de ser? Yo le dije que no tenía nada que ver porque no me gustaba el vino. Pero tantas caricias y achuchones le dio al jarro que tuvo que meter por el agujero el dedo; pareció que no le dio importancia al hecho e hízolo como tantas otras cosas (quedarse callado).
Esto me gusta poco, pero como ya no puedo hacer más sino rezar, me despido para ello.
26 DE DICIEMBRE 1925
5:45 de la tarde. Hoy me pongo a escribir mi vida tarde, no es por descuidado ni cuidado, sino por una desgracia sin igual, que ésta, mi vida entera, debe tener escrita.
Después de comer, como solemos hacer, nos hemos sentado al lado del fuego, el ciego con el jarro entre las piernas y yo debajo en la mejor de mis horas, tomando y degustando esa agua rojiza y dulce; de pronto noté que mi amo dejaba caer el carro y, como si me ahogara en una catarata no muy profunda, me hallé, puesto que el jarro me vino a la cara llevándose con él todos mis sentidos.
Ello me dolió tanto que maldije esos maravillosos tragos de vino mil veces y, desde aquel momento, no había echado tanto de menos mis dientes. Mañana contaré si algo más me recae.
* * *
Se cree que Lázaro no pudo seguir escribiendo este diario ya que la mañana del 27 de diciembre de ese mismo año se halló la casa en ruinas debido a un incendio provocado por Lázaro para vengarse del ciego.
Al parecer, el viejo y Lázaro huyeron pero él no pudo salvar su querido diario. Aunque sólo se han podido salvar estas dos últimas hojas.
El sueño de Lázaro no se pudo hacer realidad ya que en un trozo de portada decía:
Autora: María Jesús López García. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.

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