AÑO 7777. PRISIÓN ESTATAL DE BOTIJO-ALCATRAZ
Llegada del presunto autor de los hechos al tugurio de los botijeros. Lo meten en una celda donde se encuentra un preso llamado Jamás Avón 00777... y más sietes, que está allí desde 1777 por disparos a bocajarro contra el dueño de una fábrica de botijos, con su escopeta botijera último modelo, por no haber dejado que se llevara el botijo que era igual que el botijo que tenía el botijero de su amigo para regalárselo a su botijo-novia y todo eso.
Jamás Avón 00777...: ¡Eh, chicos! tenemos a un nuevo “colgado”. ¿Qué hay, colega? ¿Por qué te han metido en este botijo de acero?
Ciego: Pues nada, hombre, que le he estampado un botijo en los morros a mi Lazarillo.
Jamás Avón 00777...: ¡Cuenta, cuenta! que esto parece interesante. ¿Cómo empezó el combate?
Ciego: Si se puede llamar combate… pero bueno, empiezo. Resulta que cada vez que nos poníamos a comer, el muy borracho se iba bebiendo el vino, ese amargo fruto tan dulce y sabroso, que había en el botijo.
Jamás Avón 00777...: Y tú ¿cómo sabes que se lo bebía? ¿eh?
Ciego: Pues hombre, escucha y verás. Lo empecé a notar cuando, de vez en cuando, me ponía a beber y sentía que cada vez había menos vino y ¿sabes lo que se había tramado el muy zopenco para sacarme el jugo del botijo?
Jamás Avón 00777...: No, ¡pero cuenta! que esto está cada vez más botijante.
Ciego: Pues le había hecho un agujero en el fondo y lo había tapado con cera y así, con el calor de la hoguera, la cera se derretirá y el vino caía. Entonces, el muy “c…..” se colocaba entre mis piernas con la mala excusa de que tenía miedo a los cubiertos porque éstos se movían solos y tenía el presentimiento de que le iban a atacar.
Jamás Avón 00777...: Sí pero… tú te lo creíste.
Ciego: No, no es que me lo creyera, lo que pasa es que dejé que pensara que yo no me había dado cuenta de la trama y, mientras tanto, me ingenié una botijo-idea para vengarme de él.
Jamás Avón 00777...: ¿Y él no descubrió que tú te habías enterado de lo que estaba botijo-tramando?
Ciego: Claro que no porque yo seguía tan normal como siempre, pero voy a contarte lo que pasó, que está escena es la que más me gusta. Resulta que uno de esos días en los que estaba saboreando el delicioso manjar que caía sobre su boca de garrafón, agarré el botijo homicida, lo levanté muy lentamente hacia arriba todo lo alto que pude y le pegué un botijazo en la cara que…
Jamás Avón 00777...: ¿Y qué le pasó? ¿qué le hiciste?
Ciego: Si es que no me dejas terminar, como te iba diciendo, le pegué tal botijazo en la cara que le rompí los dientes de cuajo y yo creo que hasta hoy lo recuerda.
Jamás Avón 00777...: ¿Y cómo se llamaba el “colgao” de tu Lazarillo?
Ciego: Lázaro, ¿por qué?
Jamás Avón 00777...: Porque hay que denunciarlo por atacar fuertemente al botijo. Pobrecito, se habrá quedado con la marca toda su vida.
Ciego: Mira que eres “colgao”, ¿eh, tío? ¡que no te enteras de la película!
Autora: María José Marín Álvarez. 3º E.S.O. Curso 1996-97.
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