LA MUERTE DE LÁZARO
Era un día oscuro, oscuro como la ceniza del mismo infierno, oscuro como el sentimiento que esa mañana osó perturbar la paz del noble ciego.
Gran pesar cayó sobre ese pueblo alejado de la mano de Dios ese día.
Un alma perdida y solitaria abandonó a los mortales para ascender al Paraíso Eterno.
La dama de negro, paciente y astuta, acecha a Lázaro, cuya cara, pálida y maltrecha por el jarro maldito, descansa junto al ciego.
Autor: Alfonso Torres Sánchez. Curso 2013-2014.
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