CÓMO RAMBILLO HURTÓ EL VINO A CIEGUITO DE LA CALZADA
Y DE LO QUE LE ACAECIÓ CON ÉL
-I jan do mor. No encuentro el vinor de la pradera. Ese fistro de vino… ¿Cómor? Esto es un fistro de agujero sexual. Llamaré a la Meletérica. ¡Oh, nor, aún no la han inventado! Yo me tomaré la venganza contra ese torpedo. ¡Al ataquerrr!
-¡Dios mío! No encuentro al coronel Truman y yo tengo sed y no siento las piernas. Necesito más un trago de vino que a mi cucurrucu. ¡Dios mío, cucurrucu!
Y el Lazarillo de Tormes se dispone a disfrutar del sabroso vino sin imaginar las negras intenciones del Cieguito de la Calzada. Y, mientras el jarrillo rezuma y se desangra poco a poco en la boca de Rambillo… ¡POOFF!
-¡Toma, torpedo, pecador, cobarde. ¿Ves lo que le pasa a quien me quita el vino? ¿Te das cuen?
Mientras Rambillo se lamenta en un charco de sangre:
-¡Dios mío, tengo miedo! ¿Dónde están los muchachos? ¡Ahora tampoco siento las muelas! ¡Esto es un infierno! ¡Necesito a mi cucurrucu! ¡Esta guerra ya no es mía! ¡Yo solo quería un poco de vino, yo sólo quería eso…!
Y, como nuestro compañero es todo un veterano de guerra, no tardó en sanar sus heridas con lo mismo que se las produjo.
¡Hasta luego, Lucas!
Autor: José Roberto Barrilado Martínez. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.
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