CAPERUCITO ROJO Y EL OJETE PELÚO
-Tralaralalita, voy a mi casita. ¿Hola! ¿Cómo estáis? ¡Yo estoy muy mal, Dios mío, ya no siento las piernas, Dios mío! Me llamo Caperucito Rojo y estoy en misión especial. ¡Pero esto es un infierno, Dios mío, hay vietnamitas por todas partes! Tengo miedo, y tengo que llevar este botija rosa al nido del Ojete, en donde me espera mi cieguito. ¡Ay, Dios mío, ya la he cagado! y es que no puedo decir cieguito, tengo que llamarlo por su nombre clave “Ojete Pelúo”. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ya he llegado al nido del Ojete, Dios mío. Bueno, botija, te tengo que dejar con el Ojete Pelúo. Lleva cuidado de que no te toque la rajita, Dios mío. Te lo digo, pichurrichi, porque ayer te sobó un buen rato y el Ojete Pelúo tiene un aparato móvil especializado en encontrar rajitas. ¡Dios mío! Bueno, te dejo, pichurrichi, hasta luego.
En esto, la desesperada botija pensaba:
-¡No me dejes, pichurrichi! ¡Dios mío, no me dejes! ¡Estoy sola, Dios mío, pichurrichi, sin ti esto es un infierno! ¡Dios mío, te necesito, pichurrichi! ¡Dios mío, no te vayas, estoy sola!
Pero la botija estaba ya en manos del Ojete Pelúo, quien lo primero que hizo fue empinarla y chuparle el pezón. Después de sobarla, se la llevo a la hoguera. Cuando vio Caperucito que la botija estaba muy calentorra, metió la cabeza entre las piernas del Ojete Pelúo y la apoyó sobre sus partes. Una vez ahí, Caperucito le quitó la cera y se puso a beber. Al rato, Caperucito dijo las ya conocidas tres gilipolleces, una detrás de otra.
-¡Dios mío, Dios mío, Ojete Pelúo! ¡qué orejas más grandes tienes!
El ciego le contesta diciendo:
-Es para captar el canal internacional y las emisoras enemigas mejor.
Vuelve a abrir la boca Caperucito diciendo:
-¡Dios mío, Dios mío, Ojete Pelúo! ¡qué ojos más grandes tienes!
Y responde el ciego:
-Es para ver mejor cómo bebes por la rajita de la botija.
Y sigue el cansado de Caperucito diciendo:
-¡Dios mío, Dios mío, Ojete Pelúo! ¡qué boca más grande tienes!
Y contesta el ciego diciendo:
-Es para reírme mejor cuando te dé con la botija en toa la boca.
-Ya me tienen harto entre Caperucito y el ciego, ¡joder! -dijo la botija.
Ahora le toca a Caperucito hablar:
-Bueno, pero espérate que termine con la botija, que quedarse a medias es muy malo.
Caperucito, entonces, reanuda la operación con la botija. El capitán Ojete espera hasta que estuvieron a punto de terminar para, entonces, poner a la botija a hacer el salto del tigre sobre la boca de Caperucito. Como consecuencia, a la botija le da tanto gustillo que se abre por la rajita. Por su parte, Caperucito cierra los ojos y se desmaya. Cuando despertó, sus primeras palabras fueron:
-¡Capitán ojete, Dios mío! ¡Esto es un infierno, capitán Ojete! ¡Ya no siento los dientes, Dios mío! ¿Dónde estás, mi currucucu?
Autor: Juan José García Celma. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.
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