lunes, 8 de junio de 2020

MARÍA DEL CARMEN LAG SÁNCHEZ

La ciega usaba poner una jarrilla de vino cuando comíamos y yo muy rápida le daba un par de besos callaos, pero luego ella cogió la jarra muy fuerte del asa, ya que ésta, al ser mujer, se dio muy pronto cuenta. Mas luego yo cogí una paja y le chupé el vino, pero ella, muy astuta, metió el vino entre sus faldas y las tapó con su sutil mano, seguro que ella se dio cuenta de que le faltaba vino rosado (ya que las mujeres bebemos de lo mejor, claro) y lo tapó de inmediato.

Yo, viendo que, desde que no bebía vino, el cutis se me había estropeado, no tuve más remedio que sentarme bajo sus faldas e intentar hacerle un agujero a la jarra; y luego taparlo con una pequeña tortilla de cera y, como estábamos cerca del fuego, cuando fuésemos a comer ella y yo, la tortilla se derretiría y me empezaría a caer una fuentecilla de vino rosado. Cuando la ciega se daba cuenta de que no quedaba nada de su vino, maldecía a la diablesa que se bebía la jarra y el vino. Y yo muy inocente dije: "¿Es que acaso pensáis que yo me he bebido el vino con lo mal que me sienta?, ya se lo dijo mi madre".

Pero como ella no era ni hombre ni tonta, halló la fuente y cayó en la burla pero, ya que Dios nos ha bendecido con tener un poco de malicia, esta ciega se calló. Al siguiente día, yo bebiendo en la fuentecilla, no pensando el daño que me iba a hacer y estando bebiendo los tragos de vino y mi cara puesta al cielo pensando en lo bella que era, cerré los ojos para que no me los estropeara el fuego, y entonces la ciega agarró la jarra muy alta y con fuerza (ni siquiera pensó en su pose poco femenina) lo lanzó sobre mi boca, y yo pensé que me cayó el cielo encima, pero lo que más me preocupa ahora es que me rompió mi cara y mis dientes; y también me preocupa que yo pensé que la ciega me quería y, por lo visto, así no es; y más lo siento por ella porque ahora yo tampoco la quiero ni la querré.

Autora: María del Carmen Lag Sánchez. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.

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