Te escribo para decirte que me tratan bien, a veces, pero eso de la comida lo llevo muy mal, porque estoy en el periodo de crecimiento y no me dan muy bien de comer. A veces, si tengo suerte, me como las sobras y, encima de todo, me hacen mucho trabajar.
Cuando me abandonaste con el ciego, yo era muy ingenuo pero ahora, tal y como me ha tratado la vida, he tenido que despertar y poner mi cabeza a pensar en cómo me las podía ingeniar para echarme algo en la boca.
Con mi primer amo, era muy fácil eso de comer, por una parte él me daba algo y yo me las ingeniaba para beber del vino que siempre llevaba, una vez incluso le hice un abujerito en la jarra del vino y lo tapé con cera, así, cuando se acercaba al fuego y la cera se derretía, yo bebía vino; y no te creas que se desperdiciaba mucho, que no dejaba que cayera ni una gota al suelo.
Mi segundo amo era la persona más gorrona que he visto en mi miserable vida, ése ni siquiera me daba las sobras y, en su casa, estaba ya que me moría de hambre. Él guardaba el pan (en su casa no se comía de otra cosa) en un arca y yo me las ingenié para hacerle una copia a la llave; pero claro, si me comía los panes, se daba cuenta, así que tuve unos líos, con este amo, impresionantes.
Mi tercer amo, cuando lo encontré, pensé que era un hombre con dinero pues iba bien vestido pero, al paso del tiempo, me di cuenta de que le tenía que alimentar yo. Pero este amo me ha dado todo el amor y el cariño que yo necesitaba y que tú te negaste a darme. No te lo echo en cara, pero ese amor me hizo mucha falta en algunos momentos muy duros en mi vida.
Gracias a este dueño, pude saber lo que era la amistad.
Lázaro.
Autora: María del Carmen Pérez Sánchez. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.
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