lunes, 1 de junio de 2020

ROCÍO VÁZQUEZ MARTÍNEZ

Voy por la calle y siento que todos me miran, tan mal me ha dejado el condenado ciego la cara. Me da vergüenza sonreír, me he quedado sin dientes. Voy a ver a mi amigo Cristian, que es dentista, a ver si puede hacer algo con esta boca, y más tarde iré a ver a mi amiga Ana, que tiene un Centro de cirugía estética, para que arregle el desastre que ha hecho el dichoso ciego con mi cara.

CRISTIAN: Buenos días, Lázaro, ¡Dios!, ¿pero qué te ha pasado en la cara?

LÁZARO: ¡Puff! Es una historia un poco larga. Todo pasó ayer mientras cenaba con mi amo. Como no me dejaba beber vino de su jarro, yo hice un pequeño agujero en el culo del jarro para, mientras que él tenía el jarro, yo ponerme por debajo y beber de tan rico manjar; pero el dichoso ciego se dio cuenta de la burla y, sin decirme nada, preparó su venganza. Mientras yo disfrutaba del delicioso licor, mi amo me tiró el jarro con todas sus fuerzas a la cara y éste es el resultado de su plan, mi cara destrozada y sin dientes.

CRISTIAN: ¡Ay, Lázaro! ¿Cuándo entenderás que no puedes ser tan travieso? Por tus travesuras te pasan cosas como ésta. Pero no te preocupes que de aquí sales con los dientes perfectos.

Pasan unas horas y el doctor Cristian ha terminado su trabajo. La sonrisa de Lázaro ha quedado perfecta.

LÁZARO: Cristian, eres el mejor en tu trabajo, se me han quedado los dientes mucho mejor que los tenía. Gracias. Ahora voy a la clínica de Ana para que me deje la cara perfecta e iré a enseñársela a mi amo. No va a dar crédito de lo que va a ver.

CRISTIAN: Pero Lázaro, ¿no habías dicho que tu amo era ci...?

LÁZARO: Adiós, Cristian, y muchas gracias por todo. Ya te contaré cómo me ha ido.

Lázaro se va corriendo a la clínica de su amiga y allí estaba ella esperando que llegara.

ANA: Buenos días, Lázaro, pero, ¡Virgen Santa! ¿qué te ha pasado en esa cara?

LÁZARO: Ana, es una historia muy larga de contar. Haz tu trabajo y otro día te lo cuento. Ahora arréglame esta cara tan fea.

Ana se pone manos a la obra y, en unas cuantas horas, ha dejado la cara de Lázaro como estaba antes del accidente.

LÁZARO: Tengo a los mejores amigos que uno puede tener. Me has dejado la cara perfecta, Ana. Ahora sí, voy corriendo a enseñarle a mi amo que conmigo nunca va a poder.

Lázaro corre desesperado para reunirse de nuevo con su amo sin llegar a la cuenta de que su amo es ciego y no va a ver el cambio en su rostro. 
Cuando Lázaro tiene de frente a su amo, cae en la cuenta de que es ciego y que no podrá ver el cambio en su rostro que ni antes lo vio, ni ahora lo va a ver. Desilusionado baja su cabeza y empieza a andar, no mira para cruzar la calle y, de pronto, una bicicleta lo atropella con tan mala suerte que Lázaro da con la cabeza en un bordillo de una acera y se vuelve a romper todos los dientes y a arañarse la cara.

Después de curarse, Lázaro no se pone triste, al contrario, sale a la calle riendo sin ninguna vergüenza a pesar de que no tiene ni un diente en la boca, porque se ha dado cuenta de que lo importante no es el rostro de las personas sino el interior; y dentro de él hay cosas mucho más bellas.

Autora: Rocío Vázquez Martínez. 2º Bachillerato. Curso 2012-2013.

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