jueves, 25 de junio de 2020

MARÍA ENCARNA JIMÉNEZ LÓPEZ

POEMA DE LÁZARO DE TORMES A SU MADRE 


Como bien tú sabes, 
vivo con un señor 
privado del don de ver. 
Pues bien, te voy a narrar 
lo que el otro día nos aconteció, 
mas sólo te pido 
que me intentes comprender. 

Estando sentados delante del fuego, 
yo entre sus piernas, como solía hacer, 
noté como el suave y dulce vino 
empezaba a deslizarse y susurrábame al oído: 
-“¡Bebed, bebed, y bebed!” 

Tanto insistió el dulce licor 
que me lo bebí todo
claro está, mi astuto compañero, 
lo notó. 

Tomó el usado jarro 
y mil vueltas y le dio; 
y, al parecer, la fuente 
que calmaba mi sed halló, 
más así él lo disimuló. 

Al siguiente día, 
senteme yo como solía, 
pues no me podía imaginar 
lo que de hecho me iba a pasar. 
Cuando abrí mi pobre tonel 
para que los tragos de su dulce licor 
entraran y se almacenaran en él, 
mis ojos entrecerrados estaban, 
ni siquiera sé por qué, 
supongo que sería 
para saborear mejor la dulce miel. 

Pero entonces el Dios de la avaricia 
tomó su usado jarro 
y, elevándolo a lo alto, 
con toda su malicia, 
rompiólo en mi faz. 
Yo, que gozoso y despistado estaba, 
mas no sabía lo que iba a pasar. 

Hizoseme mi cara trizas 
y tan sólo yo pensaba 
que el cielo y sus estrellas 
en mi faz se estampaban. 

Fue tan el golpe que me dio 
y tan sólo hoy se puede ver 
cuando abro mi boca, 
un amargo vacío 
del mismo sabor que la hiel. 

                                   Lázaro

Autora: María Encarna Jiménez López. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.

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