lunes, 8 de junio de 2020

ÓSCAR GARCÍA LLORENTE

EL LAZARILLO DE BOSNIA

Encontrábanse un grupo de amigos reunidos, un apacible sábado por la noche, en el lugar de siempre, es decir, en las falsas de una pequeña casa, cuando llegó el más rezagado de todos, el Balbo Persa, con una sonrisa en su rostro que dividía su cara en dos, cosa que extrañó a todos. A continuación, como era de esperar, les contó lo sucedido:

-¿Sabéis lo que le ha pasao al bosnio, ése que tiene las orejas una miaja grandes de los aros esos que lleva colgaos?

-No, ¿qué le ha pasao?

-Hacerme un sitio y os lo cuento. Como sabéis, le gusta empinar el codo un rato y, como se cree que aquí la peña es tonta, no ha tenío otra cosa que hacer que pegarle un palo al botijo de vino del Tomás. Encima de que lo adopta se pone a beberse su vino. Bueno, también es verdad que el Tomás es más agarrao que un chato de vino, y se cree que el bosnio lo ha adoptao pa que le haga de criao pero, aun así, con el vino del Tomás no se juega.

-¡Venga! ¿Nos vas a decir lo que ha pasao o qué?

-¡Tú te callas!, que a ti no te lo estoy contando, a más, si tienes prisa, te vas... ¡Ya no me acuerdo por dónde iba! ¡Ah, sí!, por lo de los sorbos. La primera vez empezó a pegarle sorbos mientras el Tomás echaba la siesta, hasta que se dio cuenta porque, aunque esté ciego, tiene más ojo pa saber lo que le queda de vino en el botijo que el moño-hueco pa darte una pedrá con su onda a cien metros. Bueno, como íbamos, al día siguiente, él se cayó como si no hubiese pasao na, pero cogiendo su botijo por el asa. El bosnio, que tiene la cabeza pa algo más que pa peinársela, hace como en el anuncio ese de Leche Pascual con chocolate, se busca un par de pajas de esas de La Jijonenca y las empalma, y a chuparle mientras el Tomás, aún con la mosca detrás de la oreja, dormía como un tronco. Luego, cuando se despertó, empezó a darse cuenta de que le faltaba vino, entonces él pensó: "Pues ya está, tapo el agujero con la mano y, si quiere beber vino, que espere al DOS DE MAYO". Al día siguiente, el bosnio, cuando fue a beber con su paja, se llevó la sorpresa y entonces él tramó lo siguiente: "Pues cuando éste esté vacío y él esté vendiendo cupones en la puerta de Mercadona, yo me fugo la clase de Literatura y me vengo y le hago un agujero en el culo y lo tapo con un moco de esos que duran algo menos de un día pegaos".

Pues así lo hizo durante un día porque, cuando el Tomás se dio cuenta de que se había bebío to el vino, dijo:
-¡Leche con el bosnio! ¡Ya verás cómo se le quitan las ganas de beber más vino!

Y al día siguiente, cuando el bosnio se acercó a mojar un poco la garganta, el Tomás, con gran disimulo, le dejó na más mojarse los labios porque, poco después, le pegó un jarrazo así conforme le pilló que, con decirte que Freddy a su lado parece Antonio Banderas, te lo digo to. Y el muy cabrón del Tomás, que pa esas cosas se pinta solo, le dijo:
-¿No me das la gracias? ¡Encima que te he desinfestao las verrugas que tenías por toa la cara!

-¿Y por eso te ríes tanto?

-¡Joel! porque no le has visto la cara, que, cuando llegue a su casa, su madre se va a creer que estábamos aquí también en guerra.

Autor: Óscar García Llorente. 2º Bachillerato. Curso 1995-96.

No hay comentarios:

Publicar un comentario