EL LÁZARO Y EL CIEGO EN NUESTRA ERA
El mejor y el más pillo de los ladrones de 1996 fue un lazarillo al que su madre lo abandonó dejándolo con un ciego.
Este ladronzuelo llegó a su casa una tarde con mucha sed porque había estado haciendo travesuras con sus peña de amigos. Al Lázaro, como a casi todas las personas de nuestros tiempos, le gustaba el alcohol y vio a su amigo ciego, también alcohólico, con un jarro de vino. Éste, al ser lo que era, se las apañó para beber vino del jarro con una pajita desde lejos y sin que el ciego se diera cuenta. Pero claro, el ciego, aunque fuera tonto, se dio cuenta de la falta de su licor y decidió tapar el agujero del jarro.
El Lázaro ya no podía beber vino y, mientras veía la tele, vio en Tele-tienda una taladradora que no hacía ruido y era con pilas, y se le ocurrió comprarla para hacerle un agujerito por debajo al jarro de vino. Luego, el agujerito lo tapó con el pegamento de "la gotita". Él bebía vino y el ciego se dio cuenta de que faltaba otra vez vino, y entonces tocó el jarro por todos los sitios y se dio cuenta del agujerillo. Pero el ciego se calló para darle un escarmiento al Lázaro. Otra tarde, el Lázaro llegó con sed a su casa y, mientras que el ciego estaba sentado oyendo a "Los Simson", él se puso entre sus piernas, abrió el agujero y, mientras que bebía vino, cerró los ojos. Y así que, cuando más tranquilo estaba el lazarillo, el ciego se levantó con su jarro de porcelana china y lo dejó caer con todas sus fuerzas en los dientes del chico, que se tragó medio aparato dental y se quedó sin dientes.
Ya era tan desgraciada la vida del chico con los dientes, pues ahora sin ellos será peor.
Autor: Alonso Rodríguez Talavera. 2º Bachillerato. Curso 1995-96.
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