martes, 23 de junio de 2020

ANA BELÉN TORRECILLA MARÍN

UNA CLASE ENTRETENIDA 

Mis queridísimos alumnos: Hoy os voy a contar una maravillosa historia de la cual podéis aprender una enseñanza. 

Había un pobre niño que vivía con un ciego, al que llamaba ogro. Este ogro todos los días solía comer con una jarra de vino a su lado, la cual tenía muy sujeta con sus dos gordas, peludas, y apestosas manos. El chico intentaba por todos los medios llegar al vino, tanto lo ansiaba que por las noches soñaba que conseguía una pócima mágica, la cual le convertía en un diminuto. Él trepaba hasta el jarro muy nervioso hasta que conseguía flotar en el agua de la vida. 

De pronto despertó y pensó que no podía seguir así, y una maravillosa idea rondaba en su mente, hacer un agujerito que después taparía con un pegote de cera y, fingiendo tener mucho frío, se metía entre sus piernas que, al mismo tiempo, con el calor de la lumbre, la cera se derretía y brotaba una fuente que le transportaba al otro mundo. 

El ciego, cuando fue a beber, vio que no quedaba vino, pegó un brinco muy enfurecido diciendo todas aquellas cosas malas que pasaban por su cabeza, mas luego tantas vueltas dio al jarro que halló la fuente y disimuló no haber notado nada. Al día siguiente, estando los dos cenando y a la vez disfrutando del maravilloso licorcillo, el ciego tomó su venganza y, con todas sus fuerzas, le arreó tal mochazo que los trozos y dientes de la cara parecían un puzzle de 1000 piezas. 

Moraleja: Al que no se anda con ojo, los ojos le cuesta.

Autora: Ana Belén Torrecilla Marín. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.

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