viernes, 26 de junio de 2020

JACINTO JIMÉNEZ MARÍN

LA MALA LECHE DEL CIEGO Y EL DULCE VINO DEL JARRO 

Tantas veces miró el ciego al jarro con sus manos que halló la fuente y se llenó de venganza, pero lo disimuló. Después de comer, esperaba mi recompensa, sin saber lo que me esperaba. Yo me metí entre sus piernas como solía, y empezó a caer el vino del cielo, por cierto para donde estaba mirando con la boca abierta y los ojos entrecerrados para saborear mejor el licor. 

El ciego, cuando me notó tragando, saliendo a flote su mala leche, sintió que era el momento de estamparme aquel jarro del diablo en la olla dónde se estaban cociendo un montón de putadas dirigidas al marrano de mi amo; entonces fue cuando el ciego dejó caer suavemente el jarro sobre mis dientes llenos de sarro y negros de tanto fumar con mis amigos, de los cuales no volví a saber. 

Yo me cagué en sus muertos y hasta en la Vía Láctea, y me acordé de los anuncios de leche ya que el dolor que me causó se podría comparar al que haría una vaca en un tejado. Todos los trozos del jarro se me quedaron clavados en mi cara llena de roña y de acné y, desde aquel momento quise mal al ciego.

Autor: Jacinto Jiménez Marín. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.

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