DIÁLOGO CON EL SEÑOR
-Hola, Señor, ¿cómo te va por el Reino de los Cielos?, supongo que mejor que a mí. Creo que no te has enterado de lo que me ha pasado, si no, me hubieras ayudado, pero lo comprendo, tú siempre estás tan ocupado…
¿Te acuerdas que te comenté la otra noche que había encontrado la solución para poder beber de ese jarro de vino? Pues bien, todo se ha ido a freír espárragos, el ciego no sé cómo lo hace, pero lo descubre todo: Primero, cuando bebía algún trago que otro, él se daba cuenta y siempre tenía el jarro en sus manos para que no pudiera beber; después lo intenté con una paja y así pude beber durante un tiempo, pero el maldito viejo, ¡caramba!, perdón, retiro lo de maldito, se enteró y tapaba la boca del jarro, y tuve que volver a idear algo.
Le di mil vueltas a la cabezota hasta que se me ocurrió una gran idea. Le hice un agujerito al jarro y lo tapé con cera; como el ciego siempre se ponía al lado de la lumbre, yo me ponía entre sus piernas fingiendo tener frío, la cera del agujerito, con el calor, se derretía, y pude beber del jarro sin que el ciego se diera cuenta.
Pero él le dio tantas vueltas al jarro para descubrir lo que pasaba, que al final se enteró, pero el muy canalla lo disimuló haciendo ver que no sabía nada y, cuando estaba yo saboreando aquel vino, ¡plaf!, ¿a que no sabes lo que pasó? Estrelló con todas sus fuerzas el jarro en mi cara, ¡qué animal! y me dejó con la cara rota en mil pedazos y sin la mitad de mis blancos dientes.
Bueno, y esto es todo, supongo que me dirás, como todas las noches, que tenga paciencia y que algún día me darás una recompensa. Yo sólo te pido una cosa, que los demás niños que son igual de pobres que yo no lo pasen tan mal como un servidor.
Buenas noches, Señor.
Autora: Juana María López Fernández. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.
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