MONÓLOGO INTERIOR
¿Estaré haciendo lo correcto con mi amo? No sé si debo aprovecharme de él, el pobre es invidente.. Pero es que es tan dulce el licor que no puedo resistirme y, además, si se lo pidiera adecuadamente, no me dejaría beber, estoy seguro.
Quizá deba decirle que me deje tan sólo mojar los labios con ese dulce licor... No queda tiempo, ya viene, ésta será la última vez que me aproveche de él, después confesaré y asumiré las consecuencias, pero ahora voy a disfrutar como nunca de esos plácidos tragos que me hacen perder el sentido.
Sintió una sensación inmensa de placer, no me cambiaría por nadie en el mundo. Siento cómo el licor acaricia mi boca como las olas acarician la arena de una playa, tengo la sensación de estar flotando como en una nube. Sin embargo tengo una extraña sensación que me impide disfrutar al máximo de este momento, qué raro... hoy el ciego no murmura, ¿me habrá descubierto?
Ya es la hora, voy a confesarle a mi amo que estoy bebiendo de su jarro sin que él lo sepa. ¿Pero qué sucede? Me ha atizado con el jarro con tal fuerza que veo incluso peor que él. Me ha descubierto... Sabía que no debía beber hoy del licor prohibido pero... ¿Por qué me dejaría llevar por mis impulsos?
Si le hubiera confesado lo que hice a mi amo antes, probablemente ahora tendría dientes. Pero de todo hay que sacar algo positivo, al menos hoy he aprendido una valiosa lección: LA AVARICIA ROMPE EL JARRO.
Ismael Caro Litrán. 2º Bachillerato. Curso 2012-13.
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