Queridos miembros de la Asociación para Niños Maltratados:
Les escribo esta carta para pedirles que por favor me ayuden lo más rápido posible, puesto que no aguanto ni un sólo día más con este maldito ciego, el cual me maltrata continuamente.
Fíjense que el maldito ciego acostumbraba a traerse un jarro de vino para comer, pero no me dejaba beber de él. Como a mí me gusta tanto el vino, bebía a escondidas de él, pero se dio cuenta y tuve que ingeniármelas para poder beber, y así fue. Al ver al ciego con el jarro cogido del asa, pensé en beberme el vino mediante una paja, pero parece que el astuto ciego se dio cuenta de que le faltaba vino porque, al día siguiente, lo tenía entre las piernas y tapado con la mano. Al ver que no podía beber vino, creí que me moría, pero enseguida se me ocurrió otro plan para poder beber vino, el cual puse enseguida en práctica. Cogí el jarro, le hice un agujero y lo tapé con cera para que no se cayese el vino y, cuando el ciego se sentó al lado del pequeño fuego que teníamos, yo enseguida corrí y me metí entres sus piernas para poder beber vino fingiendo que tenía frío, y con el calor del fuego, se derritió la cera y yo así conseguí beber vino, pero yo ignoraba que el ciego se dio cuenta de que le faltaba vino y empezó a darle tantas vueltas al jarro que encontró el agujero y, fíjense si es astuto el ciego que decidió no decirme nada para darme una lección, y así lo hizo al día siguiente cuando yo estaba entre sus piernas bebiendo vino sin sospechar nada, cogió el jarro con todas sus fuerzas y me pegó un jarrazo en toda la cara que me quedé sin sentido y me la rompió por muchas partes, y además me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy en día estoy.
Autora: María del Carmen Martínez Guerrero. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.
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