viernes, 5 de junio de 2020

ANA ISABEL GARCÍA MARTÍNEZ

CAPÍTULO 8: LA HECHICERA

Al día siguiente de lo ocurrido, el ciego decide ir a ver a una hechicera cercana y hablar con ella. Ella lo ve, lo mira de arriba a abajo, le ayuda a sentarse alrededor de una mesa redonda, y le dice:
HECHICERA: Cuénteme, viejo hombre, ¿a qué viene esta visita?
CIEGO: Vengo para poner fin a unas situaciones perjudiciales para mí.
HECHICERA: Si usted me lo permite, yo le diré qué le pasó. Lo sé todo desde el primer momento en que entró.
CIEGO: (Asombrado) Sí, sí, dígame.
La hechicera miró a una bola que se encontraba en el centro de la mesa y, haciendo gestos raros, empezó a contarle todo lo ocurrido con Lázaro.
HECHICERA: Usted estaba con su jarro de vino y notaba que algo raro pasaba. Cayó en la cuenta de que ese chico estaba bebiéndose el vino sin que usted se enterara. Cuando lo tuvo a buen alcance, le estampó el jarro y se lo esclafó en la cara. Aquel chico terminó sin dientes y con la cara destrozada.
El ciego, al ver que todo aquello que decía era totalmente verdad, sin habérselo contado él antes, se quedó muy sorprendido y le contestó:
CIEGO: (Enfurecido) ¿Cómo sabe todo eso? No sé cómo lo ha hecho pero no importa. Necesito una pócima para que Lázaro me obedezca en todo, por esto he venido.
HECHICERA: No le saldrá barato. Es difícil de encontrar y necesitaría bastante tiempo. Y no sé si merecerá la pena tal sacrificio por usted.
El ciego estaba inquieto con tanta indecisión de ella. La hechicera comenzó a leer libros viejos y sucios mientra el ciego esperaba impaciente.
HECHICERA: ¡Aquí está! Ha tenido usted mucha suerte.
CIEGO: No sabe usted lo agradecido que estoy. Le pagaré muy bien. Y ya que estoy aquí, quería saber si puede decirme los sucesos que me ocurrirán próximamente... si algo malo me podría ocurrir... Yo ya me encuentro muy viejo, no sé si aguantaré otra desobediencia de Lázaro.
Ella miró la bola otra vez, puso sus manos sobre ella, empezó a decir palabras muy raras, y se quedó delirando. El ciego, al no poder ver nada, sólo escuchaba las barbaridades que decía y ruidos; se asustó de tal manera que se retiró de la mesa. Al cabo de un rato, la hechicera comenzó a hablar en castellano:
HECHICERA: Un día nublado, paseando por el campo, el chico te hará echar por un puente en mal estado y, en la mitad, se desplomará y caerás por el precipicio.
El ciego no podía articular palabra, se había quedado con la boca abierta y, a la vez, temblando por temerse su muerte. En unos segundos, la hechicera volvió en sí.
HECHICERA: Lo que usted debe hacer es utilizar la pócima lo antes posible para que no se dé lugar a tal tragedia.
CIEGO: Le estoy totalmente agradecido por advertirme. Y ahora tengo que marcharme porque se me ha hecho tarde. Vaya con Dios.
El ciego salió de allí y por el camino no podía parar de darle vueltas a aquello que le había dicho la hechicera... Tenía que hacerle tomar a Lázaro la pócima cuanto antes o acabaría muerto.

Autora: Ana Isabel García Martínez. 1º Bachillerato.Curso 2013-2014.

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