viernes, 26 de junio de 2020

MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ FERNÁNDEZ

DIARIO DE UNA GUERRA SEGÚN SAN RAMBITO. 14.15.86 

El coronel Truman, tras revisar 18596 veces su cantimplora, halló en ella el agujero hecho por mí y disimulado con un poco de cera, ¡Dios mío, cera de mis oídos! 

Yo no me percaté de esto puesto que estaba entretenido con mi cucurrucu realizando el acto sexual, ¡Dios mío, sexual! ¡No sentía las piernas, Dios mío, las piernas! 

El coronel decidió vengarse y esperó a la noche. Yo, ingenuo de mí, me decidí a beber, como otras tantas noches, de su cantimplora; me incrusté entre sus piernas y en ese momento comenzó a manar por el agujero un chorrito directo hacia mi boca. Yo abrí bien ésta enseñando mis feos dientes llenos de caries y sucios por el Fortuna y el Saimaza. Mis ojos llenos de mierda, ¡Dios mío, mierda!, y empedrados de lagañas, se entrecerraron para mejor degustar el manjar. 

Este momento de despiste fue utilizado por el coronel Truman para llevar a cabo su plan, levantó la cantimplora con sus dos brazos y la dejó caer sobre mi cara destrozándola por completo, me dejó sin mis dientes profident. Yo perdí el conocimiento y soñé que me casaba y tenía un hijo llamado Rambito, ¡Dios mío, Rambito! ¡Aquello era un infierno, Dios mío, un infierno! 

Tras despertar, pensé que era preferible tener la cara como un mosaico, antes que casarme y tener un hijo. 

Y decidí vivir día a día, ¡Dios mío, día a día! 

Vietnam, 16 de febrero 2183.

Autor: Miguel Ángel López Fernández. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.

No hay comentarios:

Publicar un comentario