lunes, 29 de junio de 2020

MARÍA JOSÉ MARTÍNEZ ONDOÑO

SICOSIS II 


Esa noche llovía como nunca lo había hecho, no cesaban los truenos y relámpagos en aquella habitación tan sombría, oscura y tenebrosa del gran caserón abandonado. 

Yo estaba sentado en un rincón de la fría habitación, rodeado de pegajosas telarañas, sobre el sucio suelo. 

El viejo, con su fea cara llena de arrugas y deformada, se paseaba por toda la habitación. 

Yo ignoraba por completo lo que el viejo planeaba, su retorcida cabeza hacía planes. 

Después de estar días sin comer, yo no sabía qué hacer para conseguir algo de comida o vino, muerto de sed, sin poder pedir al viejo qué beber, cuando se descuidó en aquella fría habitación, hice un agujero en el fondo del jarro y lo tapé con cera, esperando que no se diera cuenta como, para mí desgracia, siempre lo hacía. 

Durante unos días pude beber vino astutamente, pero el viejo se dio cuenta de la burla, manteniéndolo en silencio. 

-(El viejo prepara su venganza.) 

Un día en que la casa estaba tan fría que se helaban hasta los pensamientos, al lado de la lumbre el viejo empieza a comer lo poco que tenía. 

-(Lázaro se coloca entre las piernas del viejo con una sonrisa silenciosa y pícara). 

Cuando levanta el jarro para beber, Lázaro se prepara para probar de nuevo el estupendo manjar. 

En ese momento la oscura habitación se queda en silencio, sólo se oye el susurro del aire. 

El vino comenzó a correr y yo no había terminado de abrir la boca cuando… el maldito viejo levantó sus largos brazos con toda la furia que en él había y rompió el jarro sobre mi cara, quedándose todos los trozos incrustados en ella, no dejándome sano ni un milímetro de piel, ni un solo diente.

Autor: María José Martínez Ondoño. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.

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