domingo, 7 de junio de 2020

CARLOS ROCA DÍAZ

-Buenas noches, me llamo Lázarillo de Tormes y necesito poner una denuncia contra mi amo el ciego.

-Antes de nada, ¿me podría dar sus datos?, ya sabe, es mi deber.

-Sí, claro, no se preocupe, me llamo Lázaro de Tormes, con DNI 755231211-H

-Vale. Todo en regla. Prosigamos, ¿cuál es la causa de su denuncia?

-Pues, señor agente, todo comenzó desde que mi madre me dejó a cargo de este señor, que esto sería otra denuncia que debería cursar ya que lo que hizo no tiene nombre pero, bueno, no es el caso, yo venía a denunciar por las continuas agresiones hacia mi persona.

-¿De qué tipo de agresiones estamos hablando? Entenderá que debo saber todo tipo de detalles ya que, sin pruebas, no podemos intervenir.

-Si, claro, es lógico. Pues mire usted, sin ir más lejos, hace tres días, a las 3 de la tarde más o menos, mientras él comía sus buenos manjares y su buen vino, yo miraba con recelo su comida y, sobre todo, ese delicioso vino dulce que tanto me gusta; y, para colmo, ese día estaba sediento, ya que una de las cosas que me gustaría añadir a la denuncia es la escasa comida y bebida diaria que recibo, vamos, peor que los perros.

-Ya me hago a la idea de lo que sucede aquí, discúlpeme, prosiga.

-Bueno, ¿por dónde iba?, ¡ah, sí! Que la sed era tal que tuve que ingeniármelas para conseguir unas gotas de ese sabroso vino. Mi fallida idea fue meterme entre las piernas de ese viejo loco, agujerear el jarro, y dejar caer esas benditas gotas de licor que envolvían; pero qué desgracia la mía, el viejo loco se dio cuenta y, ¡pum!, en toda la boca cayó esa jarra de manos de mi amo, causándome daños en la boca, que aquí aporto fotos recientes de la herida y todos los dientes en esta bolsa.

-Perfecto, esto son pruebas necesarias para poder aportar al caso, ¿había algún testigo?

-No, señor, por desgracia sólo estamos él y yo conviviendo en esa casa.

-Si no hay nada más que añadir, me gustaría preguntarle por curiosidad una cosa. ¿Por qué no se ha ido ya de ese infierno de casa?

-Pues, la verdad, nunca lo he pensado. Sería buena opción pero no tengo dónde ir. De momento, sólo quiero darle un escarmiento a ese viejo cascarrabias.

-Pues, en ese caso, se le enviará por correo, en el plazo de TRES días, una carta del juzgado para que acudan ambos a testificar, aunque un consejo como policía que soy y como amigo, ándese con cuidado, ese ciego no tiene pinta de tener un pelo de tonto.

-No se preocupe, le saco de ventaja dos ojos. Buenas noches y muchas gracias por su atención.

-No hay de qué, es mi deber el bienestar de todos los ciudadanos. Suerte, Lázaro.

Autor: Carlos Roca Díaz. 1º Bachillerato. Curso 2013-2014.

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