sábado, 20 de junio de 2020

MARÍA JOSÉ SÁNCHEZ NAVARRO

CONCHA: ¡Paca! ¡Paca! Ven p’acá, que tengo que hablar contigo. 

PACA: ¿Qué quieres ahora? ¿Qué ha pasao? 

CONCHA: ¿A que no sabes el último chisme del pueblo? 

PACA: ¡No! ¡Yo qué voy a saber! Cuenta, cuenta. 

CONCHA: Pos mira, ¿te acuerdas del Lazarillo, aquel tarao que vivía con nuestro vecino el ciego? que dicen por ahi que su madre era una fulana; y su padre, un ladrón. 

PACA: ¡Anda que sí! ¡Lástima de quillo tan flacucho! 

CONCHA: Pos mira, el otro día se juntaron a comer como siempre, aunque no tendrían mucho porque son unos muertos de hambre; y al Lazarillo se le ocurrió de beber vino de ese que lleva el ciego, que dicen que lo roban de las misas, y no es de extrañar porque, con el borrachuzo del ciego, sabe Dios de ande lo sacarán; pero robao, desde luego. 

PACA: ¡Claro que sí, con las pintas que tienen! 

CONCHA: Sigo. Pos el sinvergüenza del Lazarillo se había viciado en beber del botijo sin que el ciego lo notara. Desde luego un crío que haga eso es pa darle un trompazo. ¡Anda que sí, si yo fuera su madre…! Pero el ciego notaba que le faltaba vino y entonces guardaba el botijo mejor, y no es de extrañar con el miserable ese, pero el Lazarillo se buscó una paja pa beber sin que se diera cuenta el ciego. Pero el ciego también se malició el muy borde, y entonces tapó el jarrillo con la mano. 

PACA: Desde luego, ¡hay que darse cuenta qué borrachuzos y asquerosos que son los dos!, porque el chiquillo tampoco es un santo 

CONCHA: ¡Sí, un santo pajares! que ya me he enterao de lo que hace por ahi. Se ve que le hizo el crío un bujero al botijo el vino y lo entaponó con cera. 

PACA: ¡Qué cosas se inventan, Señor, qué cosas! 

CONCHA: Y entonces, cuando se ponían a calentarse el ciego y el zagal, con la excusa de calentarse más, se metía entre las patas del viejo. 

PACA: ¡Qué asco! ¡Llevaría las patas suaves de mierda! 

CONCHA: Pos sí, hija, y entonces la cera del bujero se derretía y le caía el vino a chorro, justo en la boca del borrachillo. 

PACA: ¡Umm! ¡No me digas! ¡Qué estruciante, qué estruciante! 

CONCHA: Sí, pero calla y verás. El cegarruto se mosquió y notaba que el jarro pesaba poco, y le estaba entrando una mala leche… 

PACA: ¡Madre mía! ¡Que el tío se golía el asunto! 

CONCHA: ¡Pos claro! Porque entonces, sin titubear mucho, el ciego, con mucha suavidad, levantó el jarro como pa beber. 

PACA: ¡Umm, Dios mío! 

CONCHA: El zagal estaba traspuesto con lo que se había metido al cuerpo. Mira, le soltó un mochazo con el botijo al zagal en tos los morros.

PACA: ¿Cómo se quedaría el listillo? ¡Pos lisiao pa toa su vida! 

CONCHA: ¿Lisiao? ¡Calla, no le quedó un diente en pie, y los labios como tomates clafaos! ¡Y mu bien que le está! 

PACA: ¡Anda que sí, mira lo que te digo, esa gente, por mu ciego y desgraciao que sea, tienen mala leche de la mala, porque pa desgraciar al crío de esa manera…!

CONCHA: ¡Eso que tú dices! pero el dichoso Lazarillo también se las traía. 

PACA: ¡Santo Cielo, que me se quema el potaje! ¡Me voy!

Autora: María José Sánchez Navarro. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.

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