UN DÍA DE CASA
-Lázaro, ven acá, que tu hijo no se quiere comer la comida.
-Desde luego, la juventud de hoy en día ¿cuándo va a aprender a valorar las cosas? Hijo, ¿sabes que a tu edad yo no tenía qué comer? ¡Hasta me tenía que pelear con mi amo por unas gotas de vino.
-Cuéntamelo otra vez, papá.
-Si me prometes comértelo todo.
-Lo prometo.
-Pues iba yo con mi amo, un viejito que era muy marrano, no se lavaba los dientes como tú después de las comidas, ni la cara, ni las manos, nada, siempre iba muy sucio.
-¿Qué guay, no tenía que lavarse!
-¡No digas tonterías, hijo! Entonces teníamos un botijo con vino como el que tiene la abuela en su casa. Bueno, y él, que era muy egoísta, nunca me dejaba beber. Así que me las tuve que apañar y, después de mucho pensar, le hice un agujerito a la vasija por donde el líquido resbalaba hasta mi boca.
-¿Y él no lo vio?
-No podía ver, era ciego. Pero sí que lo pudo tocar y eso hizo. Después de mucho repasarlo con las manos, él, que era muy listo, encontró el agujero.
-Pero papá, ¿cómo sabía él que tú te bebías el vino?
-¡Hombre! ¡Porque cada vez iba quedando menos, igual que tú cuando te comes el chocolate que mamá compra. Pero sabes lo que fue peor de todo, que, como era tan malo, esperó a otro día y, en vez de regañarme, prefirió vengarse de una manera muy cruel.
-¿Qué te hizo, papá?
-Cogió el jarro mientras yo bebía, y me lo tiró a la cara.
-¿Te dolió mucho?
-¡Muchísimo! Estuve varios días sin poder hablar, y la boca me dolía horrores.
-¿Como yo cuando me caí con la bici?
-Sí, algo así.
-¡Pobre papá!
-Sí, así que tú, que puedes comer, come; y da gracias a Dios por los alimentos que tenemos.
-Sí, papá.
-Buen chico.
Autora: Carmen Aranda Arnao. 2º Bachillerato. Curso 1995-1996.
No hay comentarios:
Publicar un comentario