A media tarde del último domingo de mayo, andaba el ciego de Maqueda paseando cabizbajo por la acera cerca del río Tormes. La primavera, con su luz y colores, no conseguía alegrar al taciturno ciego.
Así se hallaba el pobre invidente, cuando se tropezó con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Su amigo del alma, Ramón, vecino del 9ºB. Al sentirlo tan pocho y desanimado, Ramón quiso saber cuál era el motivo que lo tenía tan cegado. Así que nuestro ciego del 9ºA le explicó al vecino del 9ºB cuál era el motivo de su preocupación.
-Mia' lo que te digo, Ramón, y perdona por lo de mira que ya sabes que no va a mala leche. Estoy hasta la coronilla del zagalico de mi tío Fuenteovejuna, que me lo mandó diciéndome que iba a ser mi salvación, como la luz de mis ojos, y resulta que el nenico es más malo que los mixtos, tiene una habilidad pa' engañarme y pa' darme la vuelta a las cosas, que ése, Ramón, acuérdate lo que te digo, va pa' político. ¿A que no sabes lo que me hizo el otro día? Ven, que nos sentamos aquí al solecico y te lo cuento.
Y así lo hicieron los dos amigos.
-Pos resulta que el otro día me regalaron mis amigos, los de La Rioja, un vino de esos pa' dar gracias al Cielo, una botella de una cosecha única; y yo pues lo guardé en mi cocina como oro en paño. Total, que esa misma noche oigo un jaleo en la cocina que no era normal, y me levanto y veo al crío dando vueltas; amos a ver qué leches hacía levantao' el nenico; bueno, pues me dijo que no se podía dormir, que había bajao' a por una valeriana. Pero yo, antes de acostarme, me acerqué al armario donde tenía la botella, porque no me fío ni un pelo, que no es la primera vez que me quita monedujas de esas sueltas pa' eso de los botellones modernos, pero la botella estaba sin destapar. Bueno, pos yo a la mañana siguiente me fui directo a por mi tesorico, y cuando llegué me la encontré medio descorchá. No hace falta que te diga quién fue ¿verdad? porque eso, Ramón, es como el peo y el ascensor:-¿Has sio' tú?
-¿Y tú?
-Yo no.
-Y entonces, ¿pa' qué preguntas, hijo, pa' qué preguntas?
Pero claro, aquí, pa' chulo él, chulo yo. Rellené lo que faltaba de vino con aceite de ricino, la dejé encima de la mesa y me fui a comprar. Claro, cuando volví me encontré a Lázaro cagando más que la moscarda y, con la descomposición que tenía, estuvo el crío una semana sin poder comer; pero, oye, le vino de perlas porque así perdió los kilicos que le sobraban, que de vez en cuando le suponían algún que otro problemilla. Y yo, pa' que el crío aprendiese, le dije lo que me decía mi abuelo Gerifrasio: "mia' por dónde, nieto, lo mismo que te enfermó ahora te da salud". Por eso tengo yo este mal humor encima, porque además ahora tengo que estar ojo avizor por si me la vuelve a jugar. ¿Qué te parece, Ramón?
Pero, cuando el ciego de Maqueda se vino a dar cuenta, Ramón andaba hacía rato ya en brazos de Morfeo... ¡TORRAO', vamos!
Autora: María Andreu Cano. 1º Bachillerato. Curso 2014-2015.
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