Infinitos movimientos en rededor de un punto y con incertidumbre donó a la vasija a manera de jarra y con una sola asa que encontró el manantial y se desprendió en la chanza, pero todavía así lo disfrazó como si no lo percibiese. Y más hasta otro período de tiempo poseyendo mi persona transpirando el líquido por los poros de mi vasija a manera de jarra y con una sola asa como acostumbraba, ni imaginándome el perjuicio que estaba preparando ni que el difícilmente privado de la vista me sentía, me acomodé como de costumbre estando percibiendo aquellas agradables porciones de líquido, mi rostro mirando hacia arriba con los ojos entreabiertos para así saborear con más gusto la exquisita bebida espirituosa, percibió el aturdido privado de la vista que este era el momento de vengarse de mí y con todo su poder, cogiendo con sus extremidades superiores aquella agradable y desagradable vasija a manera de jarra y con una sola asa, lo arrojó encima de la apertura en la parte superior de mi cabeza, prestó cooperación como he dicho sin dejarse ni una sola de sus fuerzas, de manera que el desvalido y pobre andrajoso, que no esperaba esta faena, como casi siempre solía estar desorientado y emocionado, sin dudarlo ni un momento percibí que la esfera aparentemente azul y diáfana que rodea la Tierra había caído sobre mi persona.
Fue tan inmenso el cachete que me volví como loco casi sin saber lo que hacía y el cacharrazo tan inmenso, que los trozos se me entraron por mi rostro, destruyéndomelo por no sé cuántos sitios y me rompió cada uno de los huesos que se hallan engastados en la mandíbula y que hoy por desgracia ya no poseo.
Autora: Antonia Campos Martínez. 2º B.U.P. Curso 1988-89
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