Teresa, una joven de diecisiete años, el 25 de octubre de 2012 había conocido a un joven que le encantaba hasta que poco a poco, después de mucho tontear, empezaron una relación. Pasaron los días, los meses, y seguían juntos y felices. A principios de septiembre, Teresa empezó 2º de Bachillerato de Ciencias y, como todos los años, se tenía que leer un libro para cada evaluación en la asignatura de Lengua Castellana, y el libro era "El Lazarillo de Tormes".
Cuando el profesor dijo que se lo tenía que leer, ella como buena estudiante que era, empezó a leérselo. Cada vez que avanzaba más con el libro menos le gustaba, pero bueno, era su deber. Todos los días después de comer, se ponía un ratito y luego quedaba con José Juan, su novio, para dar una vuelta. Iban pasando los días y poco a poco iba avanzando con el libro y con la relación amorosa que mantenía con José Juan.
Uno de aquellos días tan bien organizados por Teresa, uno de aquellos capítulos de "El Lazarillo" no le gustó nada, así que decidió dejar de leérselo ya que sabía que iba a tener una buena nota en la asignatura, así que lo que hacía a partir de ese momento era irse todos los días o con sus amigos, o con José Juan de fiesta, o tomar café por las tardes antes de estudiar.
Poco a poco, José Juan y Teresa iban acercándose a hacer un año juntos y José Juan, como estaba tan enamorado, no tenía ni idea de lo que le podía regalar, así que pidió ayuda a su hermana ya que ella seguro que iba a saber lo que le encantaría a Teresa.
Al fin llegó el día tan esperado, Teresa le compró una pulsera de plata con la fecha en la que comenzaron a salir, y sus nombres. Teresa no tenía ni idea de lo que le podía regalar José Juan hasta que, después de mucho insistir, José Juan le dio un beso, y le dio el regalo al fin. El regalo era una cena romántica, aparte de un vestido precioso y unos tacones altísimos y preciosísimos.
A Teresa le encantó, le dio mil besos de agradecimiento.
Al sábado siguiente se arreglaron y fueron a cenar, ella vestida con su vestido nuevo y sus tacones, y él bien guapo también. Se lo pasaron genial, nunca iban a olvidar esa noche tan especial.
Al sábado siguiente se arreglaron y fueron a cenar, ella vestida con su vestido nuevo y sus tacones, y él bien guapo también. Se lo pasaron genial, nunca iban a olvidar esa noche tan especial.
Cuando ella llegó a su casa, lo primero que hizo fue quitarse esos dolorosos tacones, ponerse el pijama y echarse en la cama viendo las fotos de esa noche tan especial que había pasado junto a José Juan. Así de cansada estaba que se durmió viéndolas.
En el último segundo, antes de cerrar los ojos, pensó que segurísimo iba a soñar con esa noche tan bonita que tanto le había gustado y deseado. En cambio, en vez de soñar con esa noche, soñó con el libro "El Lazarillo de Tormes", sí, ese libro que se tuvo que leer en septiembre, bueno, ese libro que al final no terminó de leer. Soñó con una escena de un capítulo en especial, que decía así:
Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido.
Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, sin pensar en el daño que me estaba preparado ni que el mal ciego me sentía, me senté como solía. Estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hasta el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenía tiempo de tomar mi venganza, y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder de manera que el pobre Lázaro que estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que hay en él, me había caído encima.
Fue tal el golpecillo que me dejó sin sentido y el jarrazo tan grande que los pedazos del jarro se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hoy día me quedé.
Al día siguiente Teresa se quedó alucinada con lo que había soñado, se lo dijo a su madre, a su hermana, y hasta a José Juan pero nadie le daba importancia.
Así que, tomando café con sus amigas se le ocurrió contárselo. Sus amigas en cuanto lo escucharon se echaron a reír a carcajadas, pero en ese momento estaba Raquel, su mejor amiga, que le dijo mientras las otras seguían riéndose, que a lo mejor había soñado eso como consecuencia de no haberse terminado el libro y por eso tu mente aunque tú pienses que no, seguía preocupada por dentro al no haber hecho lo que te habían pedido.
Con esta respuesta que le dio su amiga Raquel, se quedó más tranquila ya que estaba un poco preocupada porque a menudo soñaba con sueños demasiado raros con los que no tenía definición o solución a ese tipo de sueños.
Alumna: Raquel Cabrera Rosique. 1º Bachillerato. Curso 2013-2014.
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