miércoles, 27 de mayo de 2020

ANA MARTÍNEZ VALVERDE

Un día mi hermanito Lázaro, al que yo llamaba Lalo, me contó cómo perdió sus dientes y cómo se quedó tan mellado.

Me dijo que él tenía un amo que era muy exigente con él y que pasaba mucha hambre durante todo el día. Un día él empezó a beberse su vino de todas las maneras posibles. Cuando el amo descubría cuál era la manera, él buscaba otra para volver a robárselo. 

Un día el amo, ya sospechando esa tal pérdida de su valioso vino, fue a pillar a mi hermano con las manos en la masa. El ciego, cuando se dio cuenta de los tragos que Lalo le estaba pegando al vino, le estampó la jarra en la cara con todas sus fuerzas, con lo cual él se quedó inconsciente, y así fue cómo mi hermanito se quedó sin sus bonitos dientes.

Cuando me puse en el lugar de mi hermano, me dio un fuerte dolor en la cara de imaginármelo... pero la verdad es que lo merecía. Me reí mucho cuando me lo contó pero me dio mucha pena.

Autora: Ana Martínez Valverde. 1º Bachillerato. Curso 2014-15.

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