viernes, 15 de mayo de 2020

JAIME PARRA NAVARRO

Tantas veces han contado a los malditos alumnos la historia de Lázaro y el jarro de vino que ya están hartos de mí. ¿Hartos de mí? ¿Qué les habré hecho a ellos yo que he sido el peor parado de todos? Sí, soy el jarro de vino y así sucedió realmente la historia que tanto han falseado los indeseables estudiantes con el profesor a la cabeza.

Estaba el condenado ciego dándome tantas vueltas que ya comenzaba a marearme. Sus sucias y dañadas manos me balanceaban con fuerza pero tenía mucho cuidado de no derramar mi preciado licor. Al fin en su interior se hizo la luz (por eso dicen que los ojos que no ven miran mejor) y sus hoscas manos acariciaron mi superficie (lo de acariciar es un decir) bajando poco a poco hasta llegar a la parte más baja descubriendo el engaño tras tantear minuciosamente. No irá a meter su dedo aquí -pensé yo. Sí lo hizo y al momento sentí cosquillas y una sensación parecida a... -¿parecida al orgasmo? -preguntó una joven. ¿Qué sé yo lo que es eso? No es bueno hablar con el idioma de los humanos pues luego confunden tus palabras.

Mas el ciego, que era listo por necesidad, calló sin descubrir que sabía el engaño. Yo, que lo conocía desde hacía muchos años, temí por Lázaro. Una noche, el ciego encendió el fuego, me cogió entre sus manos y esperó. Lázaro no tardará -pensé. En efecto, al momento Lázaro se acostó entre las piernas del viejo. Una parte de materia empezó a desprenderse y sentí como si me faltara algo. Entonces Lázaro cerró los ojos, abrió la boca y dejó que mi sangre corriera hacia sus venas. Yo me reí esperando un castigo ejemplar para él, pero si hubiera sabido que mi destino estaba ligado al suyo...

El viejo me elevó vertiginosamente y con una fuerza asombrosa me lanzó rumbo a la cabeza de Lázaro. Por el camino ya temía por mi integridad. Choqué con la cabeza de Lázaro. El infeliz no esperaba nada, por lo que creo que el golpe le dolió más. Mi cuerpo roto en pedazos y esos pedazos incrustados en su cara durante días, ¿qué digo días?, durante semanas.

Esta es la historia que viví con Lázaro, después, tardé mucho en volver a verlo pero aún me acuerdo de las manos del ciego sacándome del rostro del pobre y luego, bastante más tarde, de la amable mano de la criada del arcipreste reconstruyéndome.

Jaime Parra Navarro. 3º de E.S.O. Curso 1995-96.

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