➢Hablan Lázaro y su amigo Esteban, ambos ya ancianos:
-ESTEBAN: Lázaro, tengo una curiosidad, ¿por qué tienes esas marcas en la cara y no tienes dientes? Quería preguntártelo hace tiempo pero no había visto la oportunidad.
-LÁZARO: ¡Ah! ¿No te lo he contado nunca?
-ESTEBAN: No.
-LÁZARO: Pues mira, te lo cuento... (Esteban escucha atentamente) ¿Te acuerdas de aquel viejo ciego, serio y rechistón, que en paz descanse?...
-ESTEBAN: Sí, sí, aquel que decían que estaba loco.
-LÁZARO: Sí, ese mismo. Pues yo, cuando era joven pasaba casi todo el tiempo con él y, aunque me da vergüenza contarlo, estaba yo un día rezumando su jarro como solía, no pensando el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, con la cara hacia el cielo, y entonces me soltó la jarra y en la cara me cayó, rompiéndose el jarro y, clavándose todos los cristales en mi rostro, me quebró los dientes sin los cuales hasta hoy en día me quedé.
-ESTEBAN: ¡Me dejas alucinado!
-LÁZARO: Me dolió como nunca nada me ha dolido.
-ESTEBAN: Me imagino, aquel ciego era un viejo gruñón. Yo no llegué nunca a hablar con él, me parecía un viejo extraño.
-LÁZARO: Sí, era un poco extraño, pero muy inteligente.
-ESTEBAN: Me imagino.
-LÁZARO: ¡Ah! ¡Se me olvidaba! ¿Qué le dijo ayer el médico a tu mujer?
-ESTEBAN: Ya te contaré, ya...
-LÁZARO: Vale, mañana me cuentas si nos vemos.
-ESTEBAN: Hasta mañana, jovencete.
-LÁZARO: Déjate de gracias...jajaja. Venga, hasta mañana
Autora: María José Moreno Perdomo. 1º Bachillerato. Curso 2014-2015.
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