LOS DOS LABRADORES COTILLAS
Se encontraban dos labradores, Mariano y Robustiano, almorzando en un descampado.
MARIANO: ¡Mira, Robustiano! ¿No es aquel el ciego con su Lazarillo?
ROBUSTIANO: Sí son. Como siempre, se están pegando la vida padre a costa de los demás, y sin pegar un palo al agua
MARIANO: ¡Qué sinvergüenzas!, ya me gustaría vivir como ellos viven, sin pegar golpe.
ROBUSTIANO: ¡Pero tú eres tonto o llevas mierda en los bolsillos! ¡No ves que llevan mierda hasta en lo blanco de los ojos!
MARIANO: ¿Y qué te crees, que somos míster Proper, que ahora se llama don Limpio o el tío del "algodón no engaña"? Si nosotros tenemos más mierda que los calzoncillos del tío Mariano.
ROBUSTIANO: Bueno, bueno, vale, pero a mí el Lazarillo me cae muy bien porque es un pobre muchacho que lo pasa mal con el agarrao del ciego.
MARIANO: ¡Mira!, si parece que el ciego está cabreao, mira cómo rebusca la última gota de vino.
ROBUSTIANO: Parece más bien como si buscara algo roto en el jarro.
MARIANO: Sí, me parece que tienes razón y creo, si no me equivoco, que ese agujero lo hizo el Lazarillo porque yo lo vi haciéndole algo al jarro.
ROBUSTIANO: ¡Calla, calla! Me parece que ya lo ha encontrao por la cara que ha puesto.
MARIANO: Pobre Lazarillo, con la mala leche que tiene el ciego.
ROBUSTIANO: Ya verás qué hostia le pega, le va a dejar la cara del revés porque el ciego es más basto que la paja de habas.
MARIANO: Pos ya llevamos un rato aquí y no pasa na. Pa mí que, como es un chaval, no le hará na.
ROBUSTIANO: ¡Calla! Tú no sabes na, si ese viejo es más peligroso que un mono con una caja de bombas.
Al día siguiente.
ROBUSTIANO: ¡Calla! Tú no sabes na, si ese viejo es más peligroso que un mono con una caja de bombas.
Al día siguiente.
MARIANO: Robustiano, tú no sabes lo que he visto, tenías razón. Cuando el zagal se disponía a quitar el tapón del jarro pa poder beber vino, el ciego se esperó un momento y el zagal, mientras tanto, bebía tranquilamente pensando que el ciego no se había dao cuenta y, cuando menos se lo esperaba el zagal, ¡zas!, lo hizo.
ROBUSTIANO: ¿Sí?, ¿y qué le hizo? seguro que le ha dao una hostia.
MARIANO: ¿Una hostia?, sí, una hostia. ¡Ha cogío el jarro el ciego de los cojones y se lo ha lanzao a la cabeza con una mala folla que le ha dejao tos los piazos incrustaos en la cara llena de mierda!, pero lo peor de to es que ha empezao a escupir muelas como si fueran un puñao de piedras.
MARIANO: ¿Una hostia?, sí, una hostia. ¡Ha cogío el jarro el ciego de los cojones y se lo ha lanzao a la cabeza con una mala folla que le ha dejao tos los piazos incrustaos en la cara llena de mierda!, pero lo peor de to es que ha empezao a escupir muelas como si fueran un puñao de piedras.
ROBUSTIANO: Ya que al ciego, ¡en la puerta de la cárcel ahí le diese un dolor que una centella lo tocase y un rayo lo partiese.
MARIANO: Bueno, vámonos, rápido, que por ahí viene el marica del Maripepe doblando la esquina, ¡y viene rápido!
MARIANO: Bueno, vámonos, rápido, que por ahí viene el marica del Maripepe doblando la esquina, ¡y viene rápido!
Autor: Antonio López García. 2º Bachillerato. Curso 1995-96.
No hay comentarios:
Publicar un comentario