jueves, 28 de mayo de 2020

ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ

¡Hola, amig@s! ¿Cómo estáis?


Espero que mejor que yo ya que os escribo desde el hospital porque me encuentro un poco indispuesto y dolorido gracias a mi amigo el ciego. Os estaréis preguntando qué es lo que está pasando y cómo me ha pasado. Pues bien, os lo voy a contar.

Comiendo cada día como de costumbre, mi amigo el ciego me tiró un jarro a la cabeza y "se hizo el loco" como si nada hubiese pasado. ¡Jolines cómo duele! ¡Siempre se me salta un lágrima! Otro día siguiente, no pensando en el daño que me volvería a causar mi amigo, me senté a comer como solía. Bebiendo aquellos tragos de licor y con los ojos mirando hacia arriba por si me esperaba otro jarrazo, el ciego sintió que era la hora de vengarse y, cuando estaba descuidado, nuevamente me tiró con todas sus fuerzas otro jarrito sobre mi boca. Cuando cayó, creí que el mundo me había caído encima.

El golpe fue tan grande que el jarro se rompió en pedazos sobre mi cara dejándome sin sentido y rompiéndomela en muchas partes hasta dejarme sin dientes.

Y ese es el motivo por el que estoy aquí, convaleciente y con la cara como un mosaico. Con esto me despido porque me acaban de llamar para entrar en la consulta.

Mañana más y mejor ( si no me rompe una mano, claro).

Adiós. Lázaro.

Autora: Alba Martínez Martínez. 1º Bachillerato. Curso 2014-2015.

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