Me sentía como en el Cielo, tumbado debajo de aquella mesa junto al brasero, tomando aquellos dulces tragos, con los ojos un poco cerrados para degustar mejor ese sabroso licor. De repente despierto de ese maravilloso sueño, son las 7 de la mañana y tengo que ir a trabajar.
Creo que estoy obsesionado por poder probar un poco de ese delicioso vino, pero sé que el ciego jamás me lo permitiría. Entonces recuerdo la genialidad de mi sueño, y dudo entre ponerlo en práctica o no, pero tener esa deliciosa jarra de vino delante de mí hace que caiga en la tentación. Entonces hago exactamente lo mismo que en mi sueño, un pequeño agujero en el culo de la jarra, y coloco delicadamente un poco de cera para taparlo, así, con la excusa del frío, podría beber todo el vino que quisiese.
Tantas vueltas y tientos dio el ciego al jarro que halló la fuente y cayó en la burla, y aun así lo disimuló a la perfección, sin yo saber el daño que me estaba aparejado. Entonces yo, mirando al cielo, y recibiendo esos dulces tragos, el ciego sintió que era la hora de su venganza, y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, lo dejó caer sobre mi boca con todo su poder, de manera que yo, sin esperar nada de este gesto, me pareció que el cielo me había caído encima. Fue tal el golpecillo, que me dejó sin sentido, y el jarrazo tan grande que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes y quebrándome así los dientes.
Suena el despertador. ¡Gracias a Dios ha conseguido sacarme de esa horrible pesadilla! Un sueño dentro de otro sueño es lo que me hacía falta para nunca más estar tentado a probar ese vino, ya que el cielo se me caería encima.
Autora: Míriam Fernández López. 1º Bachillerato. Curso 2014-15.
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