Pasa una chica rubia, esbelta, de piel morena, y andares despampanantes, por debajo de una obra, cuando un peón de albañil, que se halla en el almuerzo con cerveza y bocadillo en mano, le silba y le dice que permanezca atenta ya que le va a contar una buena historia.
En principio, ella hace oídos sordos pero, aun así, el albañil empieza a contarle. A ella le parece interesante, por lo que se da media vuelta y se para debajo de la obra a escuchar:
-¿Pues tú te crees, rubia, lo que ha hecho el Lazarillo?
-¡Sorpréndeme!
-Pues el muy cabrón, que ha estado engañando al ciego haciéndole creer que el vino estaba desapareciendo de la jarra, se acurrucaba entre sus piernas diciendo que tenía frío mientras se bebía él el vino por un agujero que le había hecho a la jarra. ¡Ay, quién pudiera acurrucarse entre tus piernas, rubia!
-Déjate de tonterías y dime cómo acaba,¡listillo!
-Bueno, pues que al final el ciego se entera y le da con la jarra en la cara y le rompe los dientes. ¿Qué te parece?
-Pues que a más de uno le vendría bien que le dieran con una jarra en los dientes. Bueno, me voy ya, que te aproveche el almuerzo y gracias por la historia.
-Si quieres compartimos el almuerzo, ¡hasta otra, rubia!
Autor: Dimas Sánchez Gázquez. 1º Bachillerato. Curso 2014-15
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