domingo, 17 de mayo de 2020

CÁNDIDO FERNANDO ALCÁZAR LÓPEZ

Tenía, por aquel entonces, el ciego un buen jarro de vino que no compartía con nadie, ya que como se dice "la gula y la avaricia crecen con la edad" y, como cabía de esperar, "la avaricia rompe el saco". Así pues, el buen Lazarillo, hambriento y sediento, compañero de viaje del ciego, así como guía suyo, decidió beber un par de tragos, convencido de que "a los osados ayuda la fortuna". Así pues, pronto quedó enganchado a ese sabroso licor, ya que "bebiendo se llama a la sed" y, convencido de no ser pillado, aun sabiendo que "jugar con fuego es peligroso". Pero el ciego como "perro viejo que no tiene dientes, pero sí colmillos", pronto se dio cuenta de la falta de vino, ya que "bota vacía, la sed no quita" y, desde ese momento, no soltó el jarro de vino. Pero "a grandes males, grandes remedios", el Lazarillo, con una paja, siguió bebiendo vino, hasta que el viejo decidió tapar la boca del jarro con la mano. Pero era ya tarde, "el vino que saca al hombre de tino" sacó también al ingenuo Lazarillo, el cual hizo un agujero en el jarro, y lo tapó con cera, de manera que, cuando comían al lado del fuego, ésta se derretía, y el vino caía directamente en la boca de Lázaro, el cual se encontraba entre las piernas del viejo, para hacer válido el refrán que dice "del perro atado, teme el bocado". El ciego, consciente del hurto, encontró el engaño, como "el zorro viejo que huele la trampa", de manera que, al final "el galgo a la liebre mata", y pensando cómo solucionar el problema, el viejo se acordó que "al malo lo mejora el palo". Así pues, una tarde en la que el Lazarillo degustaba el sabroso licor, convencido de que "la golondrina que vuela alto no se moja", el ciego levantó el jarro y con todas sus fuerzas lo lanzó contra la cara de Lázaro, rompiéndosela por todas partes,  y confirmando el dicho que dice "el que ríe el último ríe mejor".

Autor: Cándido Fernando Alcázar López. C.O.U. Curso 1996-97

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