viernes, 29 de mayo de 2020

CARMEN GUERRERO REY

Abrí los ojos y miré a mi alrededor, aquel lugar me transmitía pureza y felicidad. No sabía dónde estaba. Todo era blanco y reluciente, era como si estuviera en una nube. Antes de que pudiera ir a investigar dónde estaba, apareció un hombre mayor con barba de entre la nada.

- Hijo, ¿qué haces aquí tan joven? -me preguntó con voz grave.
- ¿Dónde estoy? -me sentía desconcertado. No sabía cómo había parado aquí.
- En el Cielo, hijo. Cuéntame, ¿qué ha pasado?

Y de repente, caí en la cuenta, estaba aquí por culpa del ciego, me había partido la cara y quebrado los dientes. ¡Me había matado!

-¡Fue culpa del maldito ciego! -exclamé- ¡El me hizo esto! -dije señalando mi cara y mis dientes- ¡Es él el que debería estar aquí, no yo! ¡Él es una persona avara y violenta!
-¡Cálmate. Según tengo entendido, él lo hizo con motivos. Por lo visto llevabas robándole vino a hurtadillas.
- Aquellos dulces tragos me han salido caros....
- ¡Has robado! ¡Y a un pobre ciego! ¡Se te debería caer la cara de vergüenza!
- ¡Él apenas me da alimento! Es un mal ciego...
- ¡Excusas! -y de la nada, su cara dejó de ser agradable y se convirtió en un rostro lleno de furia- ¡Arderás en los infiernos! ¡Mal hijo de Dios!

Y todo se volvió como una espiral. Yo suplicaba que no lo hiciera, que sólo habían sido un par de veces y que no lo volvería a hacer. Estaba angustiado, sólo quería llorar. Yo no me merecía esto. ¿Acaso merecía la muerte una persona por beber vino? ¡No era justo!

Y de repente abrí los ojos, esta vez de verdad. Podía notar mi respiración fuerte, estaba aturdido. Pero, gracias a Dios, todo había sido un sueño. Toqué mi rostro, estaba herido y faltaban varios dientes, pero eso no era nada comparado con mi sueño. Me alegré tanto que me juré no volver a robarle ni una gota de vino al ciego.

Autora. Carmen Guerrero Rey. 1º Bachillerato. Curso 2014-15.

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