viernes, 29 de mayo de 2020

CARMEN MARTÍNEZ CARRASCO

En la sala del odontólogo Dr. Carlos Montero se encontraba el Lazarillo de Tormes cabizbajo y esperando su turno. A esto que, entre revista y revista, llaman a la puerta y aparece su amigo Ecce Homo.

-¡Hombre, Lazarillo! ¿Tú también al dentista?

El Lazarillo esbozó un sonrisa dejando al descubierto su boca desdentada.

-¡Acho! ¿Qué ta pasao en la boca.

- ¡Ese topo desgraciao me ha volao loz dientes de un jarrazo! Zolía robarle el vino de mil maneras. ¡Pero el muy canalla me pilló en la última! Decidí hacerle un bujero en el jarro y taparlo con cera, y azín fingiendo tener una miaja de fresco, me colocaba entre zuz piernaz y al caló de ella ze derretía la cera y me caía el vino en la boca. Pero eze ciego agoniozo ze dio cuenta y decidió vengarse partiéndome los piños. ¡Eztando yo tan atontinao zin desperdiciar ni una zola gota, me pareció que el mismo cielo me había caído encima! Fue tal el golpe que me dejó zin sentido y los cacho trozos del jarrón se me metieron por la cara estrozándomela. ¿Y a ti qué ta pasao, Ecce?

-¡Mae mía, Lazarillo! ¿T' acuerdas de Cecilia? ¿La cirujana que se empeñó en hacerme un retoque en la cara? ¡Pos lo hizo! ¡Menudo cuadro ma hecho en la cara!

Sin dejar de reír mientras las lágrimas le corrían por la cara, el Lazarillo le contestó:

- ¡Tranquilo, Ecce, ziempre nos quedará Halloween!

Autora: Carmen Martínez Carrasco. 1º Bachillerato. Curso 2014-15.

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