viernes, 22 de mayo de 2020

RUBÉN SÁNCHEZ MARÍN

CASO 3.215: EL PUEBLO CONTRA EL CIEGO

Comienza la sesión -dijo el juez. Nos encontramos aquí para tratar el tema en el que un ciego dio un jarrazo tremendo a un pobre chico llamado Lázaro, el cual fue entregado por su madre al ciego.

-¿Como se considera el acusado de los cargos? -preguntó el juez.

-Me considero inocente -dijo el ciego.

-En este caso, llame a su primer testigo -dijo el juez al fiscal.

Así que llamó al propio ciego a declarar y vino un policía con una biblia en la mano y le tomó juramento. Tras este juramento, el fiscal preguntó al acusado cuál había sido la causa del jarrazo. Y el ciego le respondió diciéndole que Lázaro era un chico muy espabilado y últimamente se había aficionado al vino, lo que, cómo no, contrajo una polémica y, al momento, el fiscal se le echó encima acusándolo de negligencia. El ciego continuó con su versión, diciendo lo siguiente:

-Como he dicho, empezó a beber vino y lo peor de todo es que el pícaro me lo quitaba, sin saber yo cómo. Dándole un día vueltas al asunto, encontré la burla, pero yo la disimulé para que mi venganza fuera terrible, cosa de la que por supuesto estoy muy arrepentido. Así que otro día en el que el chiquillo hizo lo mismo, no me lo pensé dos veces, y en un arrebato de ira incomprensible, le lancé el jarro cuando más a gusto se encontraba, y fue tal el golpecillo que lo desatiné y lo dejé sin sentido, y el pobre Lázaro sin dientes quedó. Pero en verdad que me arrepiento muchísimo.

Después de esta larga charla, no hubo más preguntas ya que todo quedó muy claro, así que el ciego abandonó el estrado y la sesión fue momentáneamente suspendida para la meditación propia del jurado.

Pasó ese corto tiempo y se reanudó la sesión para escuchar por fin el veredicto. Así que el juez, sin más rodeos, le preguntó al portavoz del jurado que diera su veredicto. Se levantó y dijo:
-Todos los presentes en el jurado, por una mayoría absoluta, consideramos al ciego culpable de los hechos, por malos tratos y, por si fuera poco, negligencia, con la sanción de cinco maravedís y la pérdida de la custodia del chico, a quien entregamos al clérigo de Maqueda.

Así que por último el juez se levantó y dio el caso por cerrado.

Autor: Rubén Sánchez Marín. 3º E.S.O. Curso 1995-96.

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