jueves, 21 de mayo de 2020

BEATRIZ SÁNCHEZ VELÁZQUEZ

DIARIO DE LÁZARO

13 - Noviembre - 1525
Quiero empezar este diario, pues así he visto que lo hacía mi maestro unos meses atrás.
Me llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre.
Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre, molinero, ciertas sangrías mal hechas a los costales de los que allí a moler venían, por lo cual fue preso, confesó y no negó.
Mi madre, como sin marido ni abrigo se viese, se vino a vivir a la ciudad y alquiló una casita. Después se juntó con un negro y me dio un hermanito pero también fue acusada de robo y, cumplida la sentencia, se fue a servir al mesón de La Solana, donde vino a posar un ciego, el cual me pidió a mi madre y ella me encomendó a él rogándole que me tratara bien y mirase por mí, pues era huérfano. Él respondió que así lo haría y me trataría como un hijo.
Y así le comencé a servir. Estuvimos en Salamanca y al salir de allí fuimos a otra aldea que de su nombre ni me acuerdo.
Usaba poner un jarrillo de vino cuando comíamos, y yo algún trago le daba. Él conocía la falta de éstos y nunca después soltaba el jarro.

14 - Noviembre - 1525
Hoy, he encontrado otra forma de hallar mi maravilloso vino ya que mi amo no me lo deja gustar. He cogido una paja larga de centeno, que para aquel menester tenía hecha, la he metido en la boca del jarro, chupando el vino. Por la tarde me he quedado dormido como su quedase sedado. Aunque no me ha parecido tan bien cuando el astuto ha asentado su jarro entre las piernas y tapado con la mano.

15 - Noviembre - 1525
Yo, como estaba hecho al vino, moría por él y he hallado otro remedio. Me he acordado de hacerle una fuentecilla al suelo del jarro y, con un taponcillo de corcho repizcado, taparlo.
A la hora de comer, he fingido tener frío pues a buen tiempo estamos. Mi amo, que en el fondo es bueno, me ha dejado entrarme entre sus piernas y, al calor de la lumbre me he sentado. Le he quitado el corchillo al agujero y ha comenzado a brotar la fuente sobre mi boca. Cuando él ha ido a beber, yo he tapado rápidamente el agujero y, al no hallar nada, ha maldecido al diablo.
Tantas vueltas y tientos ha dado al jarro que ha hallado la fuente y ha caído en la burla pero ha disimulado como si no la hubiera hallado.

16- Noviembre - 1525
Teniendo yo rezumando mi jarro como solía, me he sentado y he vuelto a recibir los dulces tragos con mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor. El ciego ha pensado que podía vengarse de mí y con toda su fuerza ha dejado caer el jarro sobre mi boca, yo que no me lo esperaba y estaba descuidado, me ha parecido que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima.

17 - Noviembre - 1525
Recuerdo el golpecillo que me desatinó y sacó de sentido y el porrazo tan grande que los pedazos de él se me metieron en la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales me he quedado.

Autora: Beatriz Sánchez Velázquez. 3º E.S.O. Curso 1994-95.






No hay comentarios:

Publicar un comentario