CUENTO LII
DE LO QUE ACONTECIÓ A UN CIEGO CON SU LAZARILLO
Hablaba ese día el conde Lucanor con Patronio, y esperando el momento más adecuado, cuando nadie los escuchaba, se dispuso el conde Lucanor a hacerle una confesión a su consejero de esta manera (*)
-Patronio, tengo un problema. Sospecho que mi amigo y recaudador de impuestos se queda con dinero y trigo del que les cobro a los campesinos y a los villanos de este feudo. Yo sólo recibo una imposible y mísera porción de lo que yo creo que debía estar recibiendo. No sé lo que hacer pues no me atrevo a investigarlo, es mi amigo, o por lo menos eso creo. ¿Qué debo hacer, Patronio?
-Señor conde Lucanor -contestó Patronio-, vos os encontráis en una delicada posición y creo que no podría emitir un juicio antes de que supierais lo que le pasó a un ciego con su lazarillo.
El conde Lucanor se mostró se mostró interesado y le rogó que por favor le narrase esa historia.
-Señor Conde Lucanor -comenzó Patronio-: Poseía un ciego un jarro de vino muy bien guardado, pero también poseía un lazarillo muy bribón que vivía por y para el vino. Una de las artimañas que inventó el lazarillo basábase en agujerear el fondo del jarro y taparlo con cera para, cuando se acercara el ciego al fuego, él se metiera entre sus piernas con excusa de frío. Con el calor, la cera dejaría que el vino fluyera hacia el interior de su boca.
Tantas vueltas dio el ciego al jarro, pues estaba realmente confuso ya que su vino desaparecía misteriosamente, que encontró el agujerito que saciaba al lazarillo de su sed, e hizo el ciego como si no hubiera encontrado nada, y planeó su venganza sobre el pobre lazarillo.
Entró de nuevo el frío y el lazarillo púsose entre las piernas del ciego con la excusa y las intenciones de siempre. Dejó la cera por el calor el agujerito al descubierto y empezó a fluir el líquido mágico que hacía que el bribón se sintiera feliz y tranquilo.
El ciego, dándose cuenta entonces de que ya había llegado el momento de llevar a cabo su venganza, levantóse y, levantando el jarro enérgicamente, lo rompió sobre la cara del lazarillo, de cuyos dientes no se volvió a saber, pues los perdió todos en aquel instante.
-Señor Conde Lucanor -continuó Patronio-, puede estar pasando lo que a continuación le digo. Vos tiene mucha confianza en una persona honrada para usted, pero puede que ésta esté engañándole con el cobro de los impuestos. Vos puede investigar por medio de sus soldados, pero ha de estar tranquilo pues no está arruinado, y según un dicho muy antiguo...
SIEMPRE SE PILLA A UN MENTIROSO ANTES QUE A UN COJO
Y HACERLO DEBES SI CLARO LO VES.
Autor: José Ramón de la Cruz Martínez Martínez. 2º Bachillerato. Curso 1995-96
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