EL DENTISTA
Din, don, din, don.
ENFERMERA: (Abriendo la puerta) ¡Hola! Buenos días, está usted en la clínica dental de Don Crispín del Dente.
LÁZARO: Muy buenas, yo lo que quería era su podían hacer algo por mis dientes.
ENFERMERA: Pase por aquí.
DOCTOR: ¡Buenos días! Siéntese. A ver, abra la boca... ¡Madre de mis dientes! ¿Pero qué le ha ocurrido?
LÁZARO: Pues mire, señor, yo soy el lazarillo de una imitación de gilipollas de mierda de ciego; el muy desgraciado me mata de hambre; no me da apenas nada para llevarme la boca; pero, eso sí, él come y bebe todo lo que da su bolsillo.
El caso es que pensé la manera de poder beber algo de un botijo que él tenía de vino, pero todo me falló hasta que una noche, cuando él dormía, se me ocurrió coger el botijo de donde el puerco bebía y le hice un agujero en el fondo y lo tapé para que, por la noche, con la excusa de que hiciera frío, meterme entre sus peludas y asquerosas piernas y, mientras él bebiera, quitar el tapón y así poder beber yo. Y así hice. Pero el muy jodío se ve que se dio cuenta de que le faltaba vino. Sabía que yo me lo bebía. Cogió el botijo y buscó y rebuscó con sus sucias y asquerosas manos con el fin de encontrar algún agujero por donde yo pudiera beber, y lo encontró. Pero pasaron días y yo no le di importancia, hasta que una noche bebía yo tan tranquilo, cogió el botijo y... ¡zas! el muy bruto me lo zampó en toa la cara.
ENFERMERA: ¿Madre de Dios, habráse visto bestia mayor!
LÁZARO: Y a eso he venido, a ver si el dentista puede hacer algo por mí, que me queo así pa toa la vida.
DOCTOR: Veamos lo que puedo hacer.
Alumna: Celia De León. ¿Nivel? ¿Curso?
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