-Ave María Purísima.
-Sin pecado concebida. Cuéntame, hijo, ¿qué mala acción o remordimiento te trae por aquí?
-Pues, padre, sabe usted que yo acogí a un niño pobre que procedía de una deshonrada familia, para darle alimento, cobijo y un lugar más cristiano donde criarse. ¿Verdad?
-Sí, en efecto. ¿Qué problema hay con la criatura?
-Pues resulta que, hasta ahora, más que por creación de Dios lo tenía por un engendro del demonio. Me hurtaba, engañaba y tomaba contra mí la desventaja que me supone el divino castigo de mi ceguera. Tanto es que, el otro día, habiendo descubierto otro de sus tejemanejes para robarme, en este caso el vino que sacia nuestra sed y nos proporciona algo de calor, le propiné un merecido castigo para que aprendiera a no morder la mano que le da de comer.
-¿Y cuál es el conflicto entonces?
-Padre, el conflicto es que yo pensaba que, al llevar a cabo este castigo, me sentiría bien por haber hecho lo correcto, pero el caso es que desde ese día no paro de ver su cara de espanto en mis sueños.
-Pero hijo, si tus ojos son incapaces de percibir imagen alguna.
-Lo sé, pero cuando solté el jarro de vino sobre su cara y una vez que éste ya había aterrizado en ella, sus gritos de dolor y la sensación de angustia se volvieron tan lapidarios que los he tenido presentes cada hora desde ese día. Me pregunto si el animal sin corazón seré yo, o si el muchacho realmente tenía motivos para hacer lo que hacía. ¿Habré sido demasiado estricto o avaro con él? Puede que no deba juzgar al ladrón simplemente por haber robado sino también por las circunstancias que lo han llevado a ello. Me planteo incluso si admirarlo por lograr siempre encontrar una artimaña que usar en su provecho sin causar ningún daño, físico al menos, al perjudicado. Por eso, padre, porque creo que he obrado mal propinándole un castigo tan cruel, he venido a confesarme.
No abandonó el ciego la iglesia hasta que hubo cumplido su penitencia y, tras respirar un poco de aire fresco, y habiendo emprendido su camino de vuelta a casa, pensó:
-Perdonaré al muchacho por el asunto del vino. Ahora he de apresurarme en llegar, que mañana partimos hacia Toledo.
Autora: Ana Carmen Sánchez Bruno. 1º Bachillerato. Curso 2013-2014.
No hay comentarios:
Publicar un comentario