viernes, 22 de mayo de 2020

JUAN ANTONIO MARTÍNEZ GÓMEZ

SOLUCIONES PARA TODO

CAPÍTULO IX
CÓMO ENTRETENER A UN PACIENTE

-Vamos, muchacho, esto no es nada, sólo te tengo que dar tres puntos y eso, para un hombre como tú, no es nada -dijo el doctor.

-Pero, es que estoy muy asustado -dijo Gustavo.

-Para que te entretengas un poco mientras te doy esos pequeños puntos, te contaré una historia que suelo contar a los pacientes que tienen un poco de miedo, ¿vale?       -preguntó el doctor.

-Vale, pero tenga cuidado y no se distraiga -contestó el muchacho con cara de pánico.

-Bueno, pues esto es que estaba yo un día tan tranquilo tomándome un bocadillo cuando escuché por el altavoz: "Doctor Herrera, por favor, acuda al quirófano". Yo rápidamente corrí hacia aquella habitación que tanto asusta a la gente y...

-Doctor, que me está haciendo daño -interrumpió Gustavo.

-Aguanta un poco, Gustavo, aguanta. Bueno, como iba diciendo, corrí hacia mi destino y esta vez el asustado fui yo, ya que vi en una camilla a los pacientes más malparados hasta el momento y...

-¡Pues a mí me parece una historia de médicos normal! -exclamó aquel nervioso muchacho.

-Hasta el momento lo será, pero si supieras que los pacientes eran un niño de tu edad llamado Lázaro, con la cara ensangrentada, con menos dientes que una perdiz, y un jarro despedazado y ensangrentado... qué, ¿cómo se te queda el cuerpo?

-¿De verdad? No me lo puedo creer, pero... siga, siga.

-Pues cogí y primero curé a Lázaro, después de dos horas de intenso trabajo, y más tarde tomé el jarro y hasta tuve que darle veintiocho puntos, cosa que después me agradecieron ambos. Así que, ¿cómo te quejas tú?

-La verdad es que deberían sufrir mucho, ¿pero cómo se habían hecho esas heridas?

-Según lo que tengo entendido, un viejo y avaricioso ciego convivía con Lázaro y el jarro, pero como lo quería todo para él y no dejaba comer ni beber a Lázaro, a éste, el muy pillín, se le ocurrió hacerle un pequeño agujero al jarro para poder beber y... mientras Lázaro bebía plácidamente, como los pequeños pájaros cuando comen la comida que sus padres les traen al nido, el viejo canalla usó su inseparable jarro y lo lanzó sobre la cara de Lázaro, pillándole de sorpresa y como comprenderás...

-Sí, pero ¿qué pasó con el ciego?

-Huyó pero después fue detenido por malos tratos y... aquí acaba tu herida y mi historia. Has aguantado como un machote, te felicito.

-Doctor, si le digo la verdad, ha sido la historia más apasionante de mi vida y, además, no me ha dolido nada.

-Es que esta historia nunca falla.

-Gracias, doctor, cuando sea profesor en un Instituto, les contaré esta historia a mis alumnos para ver qué les parece.

-Hasta luego, Gustavo.

-Hasta otra.

Autor: Juan Antonio Martínez Gómez. 3º E.S.O. Curso 1996-97.

No hay comentarios:

Publicar un comentario