martes, 26 de mayo de 2020

JAIME ROMERO PÉREZ

DIARIO ESPACIAL

2O, febrero de 2099.

En bendita hora marcó el analógico la hora de marchar de viaje con semejante compañía.

De cincuenta naves biplaza, sólo a mí me podía tocar un ciego insoportable e irracional.

En los ya treinta días que llevamos surcando el cosmos, todavía no he llegado a comprender el afán del ciego por visitar Júpiter, ¡si no puede ver!, como mucho alcanzará a oler algunos restos de mercurio procesado, ¡una pena...!

El viejo avaro quiso ayer por la noche dejarme sin oxígeno alegando problemas respiratorios propios de su vejez.

Consiguió arrebatarme la bombona de emergencia y, cada dos por tres, abrir la válvula par que el oxígeno inunde mis pulmones.

Harto de aguantar, en el momento en que cayó dormido tras haber vomitado la comida en polvo, logré realizar un orificio en la bombona y conectar con mi máscara.

Al despertarse, me preguntó si le estaba robando el oxígeno; respondí que no, e inmediatamente me estampó la cara contra el mando de control, quedando dos o tres botones eléctricos incrustados en mi cara.

No me atreví a hablarle en todo lo que restaba de día.

Del golpe recuerdo poco pese a haber sido no hace más de 24 horas, pero del ciego sí recuerdo su frase:
-¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te da vida te dio un mal rato, ¿verdad? Quizás no tenga ojos, pero ya quisieran esos robots tener la precisión de mi oído e intuición.

Autor: JAIME ROMERO PÉREZ. 1º Bachillerato. Curso 2014-14.

No hay comentarios:

Publicar un comentario