LA HISTORIA INTERMINABLE DEL VINO
II... EL RETORNO
Son la 7 de la mañana y comienza a amanecer. Hoy es otro de esos días, cálidos y apetecibles para realizar todo tipo de trabajo. Pero... ¡Basta!
No sé por qué estoy diciendo todo esto. Mi propia naturaleza me impide disfrutar de ello. Soy un simple vino de mesa de la cosecha del 70, que hasta hoy, me han tenido muy bien guardado en el más oscuro rincón de la despensa. Ya rondaba por mi cabeza la idea de morir, pero no de una manera muy directa.
Mas, entrada la mañana, un hombre con unos 50 años, más o menos, me cogió fuertemente... -pensad lo que queráis- y me sacó del oscuro lugar. Una vez que estuve encima de la mesa, creí que el mundo, o que casi todo, giraba en torno a mí, pero fue en balde. Cuando pensaba ser libre, caí de nuevo en las garras de un nuevo amo. El anterior había sido un recipiente de cristal transparente, eso que los seres humanos llaman botella y ahora, el actual es, por el contrario, un recipiente opaco, con forma chata y con un agujero.
Me sentía más solo que nunca. Era transportado de acá para allá, sin ton ni son.
Este adulto, que parecía ser ciego por la forma de andar y de cómo palpaba los objetos, no se encontraba solo. Según noté, había con él un chico, ¡sí!, que... se llamaba Lázaro. Confirmé la existencia de éste por los tragos que le robaba a mi ser, porque me paladeó, me saboreó y me disfrutó. Pero la burla no llegó a más. Lázaro, en uno de sus innumerables tragos míos, fue sorprendido.
Os anticipo, amigos que, en este momento, vino a mí algo inexplicable, algo misterioso. ¿Qué es? Ni yo lo sé. En menos de un minuto fui derramado, desprendido, insultado. ¡Caí! Lavé la cara de Lázaro, que aparte tenía falta, rodé entre sus encías, serví de bálsamo.
Así en poco tiempo, desaparecí, me esfumé. Sentí la muerte cerca. Quise despedirme de todo lo que me rodeaba. Fue imposible...
FIN
Autora: María Luisa López. 3º E.S.O. Curso 1995-96.
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