La otra noche estuve viendo fotos de un viejo álbum que tenía mi abuela, y cuál fue mi sorpresa al encontrar un recopilatorio de unas pasadas navidades en que nos juntamos toda la familia. Mirando esas fotos me acordé de ese momento como si hubiera sido ayer mismo.
Esa noche nos reunimos toda la familia a cenar en casa de mis abuelos como era costumbre. Fue una noche muy divertida y difícil de olvidar ya que mis primos y yo revivimos momentos de nuestra feliz infancia.
Después de la cena, nos sentamos junto a la chimenea arropados por el calor como solíamos hacer de niños, y nuestro abuelo se sentó en su sillón, aquel rojo, viejo y cómodo sillón que tanto le gustaba, y comenzó a contarnos sus historias. Historias que nos encantaba oír, ya que siempre aprendías algo nuevo de ellas. Muchas eran invenciones suyas para enseñarnos cosas de la vida, pero a nosotros las que más nos gustaban y más nos divertían eran las anécdotas de cuando era pequeño. Imaginábamos aquellas historias como si estuviesen pasando en ese mismo instante.
Esa noche nos contó la historia que le ocurrió a un amigo suyo una vez...
Juan, que así se llamaba mi amigo, vivía con su tío Miguel porque sus padres murieron en un accidente. A Miguel le encantaba acompañar sus comidas con vino y tenía una jarra de barro para guardarlo. Juan, que era muy pillo, quería probar el vino de su tío, pero éste no le dejaba. Un día al chico se le ocurrió hacerle un agujero a la jarra y así, de forma astuta, poder beber sin que su tío se enterase. Pero a Juan no le salió todo como pensaba porque Miguel se dio cuenta.
Una noche, mientras su tío cenaba, Juan se sentó debajo de él, con la excusa de resguardarse del frío, y comenzó a beber de aquel vino. Para Juan era algo increíble, le encantó el vino. Pero lo que el pobre muchacho no se esperaba era lo que sucedería a continuación.
Estando el chico relajado y gozoso bebiendo aquel delicioso y exquisito líquido, vio cómo todo se le echaba encima y, antes de que se diera cuenta, estaba con la cara morada. Su tío dejó caer la jarra encima del chico con todas sus fuerzas.
Mi abuelo nos cuenta que desde ese día su amigo Juan no ha vuelto a probar el vino, ya que le trae los malos recuerdos de aquel día. A nosotros la historia nos pareció muy divertida, pero también nos dio pena el pobre niño con el porrazo que se llevó. Su tío, en mi opinión, fue muy cruel con él.
Estoy deseando volver a casa de mis abuelos para sentarme junto a la chimenea y escuchar otra de esas historias que tanto me gustan y con las que tanto aprendo.
Autora: Paula Robles Valera. 1º Bachillerato. Curso 2014-2015.
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