Una buena mañana, Lazarillo se dirigío al dentista para la revisión de todos los años.
-Hola, vengo a la revisión.
A lo que le contestó el médico:
-Sí, te estaba esperando, pasa y siéntate.
Cuando Lazarillo abrió la boca y el doctor lo vio, se quedó algo sorprendido al ver que no tenía casi dientes.
-Pero, Lazarillo, ¿qué te ha pasado?
-Pues, mire, se va a reír pero una mañana, engañando a un ciego para poder robarle el vino, puse mi cara debajo del jarro de cristal, para absorber el vino por un agujero que le hice. Y el ciego, que sabía que estaba debajo, con toda su fuerza me dio con el jarro de vino en la cabeza dejándome inconsciente y sin dientes.
-¡Qué barbaridad! ¡Menudo golpe te llevaste! Los dientes sí te los puedo arreglar pero te va a costar mucho dinero.
Lazarillo, que no tenía dinero, llamó al ciego para pedírselo, a lo que el ciego se negó porque dijo que le estaba merecido quedarse sin dientes por intentar engañar a un viejo.
Finalmente se fue sin dientes.
Autora: María Corbalán Cánovas. 1º Bachillerato. Curso 2014-15.
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