Querido Jesús Puente:
Soy una muchacha joven que se ha enamorado por primera vez de un chico llamado Lázaro.
Todo marchaba estupendamente durante los primeros meses de mi noviazgo, él y yo nos bastábamos para iluminar el cielo con una simple mirada. Cuando estábamos juntos, el corazón me palpitaba hasta el punto que me parecía que se me salía del pecho, las manos me temblaban por aquel nerviosismo que se apoderaba de mi ser cuando sentía su presencia más y más cerca.
Pero, como siempre, lo bonito acaba y la mala fortuna gana.
Todas las mañanas él comía junto a su amo, un amargo ciego desilusionado de la vida. Lázaro, acuciado por la sed, bebía vino de la jarra del ciego por un agujero que él mismo había hecho, ya que su amo era un hombre muy tacaño, y tenía él que arreglárselas para no morir de hambre.
Esta vez la idea funcionaba, el ciego parecía ser que no se percataba del engaño, raro en él porque era un hombre muy astuto.
Así pasaron los días hasta que una mañana el ciego se dio cuenta de que la jarra perdía vino por algún sitio. Él, palpándola como si de la muerte o la vida se tratase, halló el agujero que Lázaro había tapado con cera previamente. No dijo nada ni nada dijo, esperó hasta el momento de comer y, mientras Lázaro bebía inocentemente sin sospecha alguna, el ciego agarró la jarra entre las manos y se la estampó en toda la cabeza, dejándolo sin dientes y con el rostro todo desfigurado.
Lázaro, en estos momentos, se encuentra recuperándose en el hospital. Él no quiere volver a verme ni saber nada de mí porque dice que no desea que lo vea con todo el rostro desfigurado, que me olvide de él y que encuentre a otro que no tenga aspecto de monstruo como él.
Y ahora, Jesús, pido tu ayuda. Ayúdame a que cambie de parecer. Dile que deje caer el manto de tristeza que le rodea, que yo lo amo y que nada ni nadie me hará cambiar de opinión. Dile que dónde están las promesas que prometía, todas esas palabras de amor que me decía, que sigo enamorada de él, y al Señor siempre le pido que, si no puedo estar con Lázaro, que me lleve con Él. Y dile que, al menos, me mire por última vez a los ojos y después, si quiere o desea no verme más, que lo haga, aunque esa mirada se lleve mi vida.
Se despide de ti, Jesús, un alma destrozada hasta algún aliento de esperanza, de los que en "Lo que necesitas es amor" tú das a los que se quieren de veras.
Firma: (Rúbrica de la autora)
Autora: Ascensión Galiano López. 3º E.S.O. Curso 1996-97
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